La Torá de los hebreos fue traducida al griego en la época de Ptolomeo
II Filadelfo (283-246 a. C.), rey de Alejandría.
La Biblia, que ha alcanzado el récord de traducciones en
el mundo, se ha vertido a más de dos mil lenguas y las Sociedades Bíblicas
Unidas siguen incentivando y publicando nuevas versiones a las lenguas menos
conocidas.
Y aunque no faltan en la Antigüedad testimonios de
inscripciones bilingües en la literatura sumero-acadia o la inscripción conocida
como Piedra Rosetta (egipcio -en jeroglífica
y demótica- y griego), solo son manifestaciones ocasionales y de textos breves,
cuyo contenido o es de tipo administrativo o transmite algún tratado bilateral.
La tradición traductora arranca de la época romana,
cuando aquellos romanos empiezan a interesarse por los excelentes textos de la
cultura griega de tema científico y/o literario.
Para que aquel fenómeno sin precedentes, la traducción de
la Biblia o el hecho de "decir en griego las cosas judías", como
señala Natalio Fernández Marcos[1],
tuvieron que coincidir condiciones excepcionales como fueron, entre otras:
1ª. la voluntad política de un monarca helenístico
(Ptolomeo II), gran mecenas muy interesado por la cultura de su tiempo, y
2ª. la existencia de una comunidad floreciente de judíos
grecoparlantes que dejaron de entender el hebreo como lengua vernácula y que,
sin embargo, necesitaban de sus Escrituras tanto para las lecturas en la
Sinagoga como para la educación de sus hijos.
La Ley o Torá traducida al griego se convierte además, en
su código de funcionamiento interno y el modelo legislativo de referencia
frente a la corte de los Lagidas[2].
Los cinco primeros libros de la Biblia (Torá en hebreo y Pentateuco en griego: Génesis,
Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio) se denominaron la SEPTUAGINTA o la traducción de los
SETENTA (LXX) por el número de traductores que participaron en ella. Algo más
tarde se hizo la traducción de los Profetas
(los Doce Libros de los Profetas
menores y el resto de los libros proféticos o Profetas mayores: Isaías, Jeremías, Ezequiel, Daniel...), los Escritos, y la creación de nuevos
libros bíblicos en griego, en un periodo que se extiende hasta finales del
siglo I o comienzos del II d. C.
La SEPTUAGINTA (LXX) nace en la diáspora helenística del
judaísmo (desde el s. III hasta el II a. C.). Según la tradición, conservada en
la Epístola de Aristeas a Filócrates[3],
72 escribas habían traducido el Pentateuco
por encargo de Ptolomeo II (286-285 a. C.), rey de Egipto. Fue uno de sus
bibliotecarios, Demetrio de Falero, el que solicita al monarca traducir al
griego la Biblia hebrea. Se libera a los judíos de la esclavitud y envía regalos
al Templo de Jerusalén. Entonces el Sumo Sacerdote elige seis hombres de cada
una de la doce tribus, lo que hace un total de SETENTA Y DOS traductores, que
viajaran a Alejandría, donde el rey los recibe y, al parecer, se dice que los
72 acabaron su objetivo en 72 días. El rey premia a los traductores y los envía
de vuelta a su tierra. Cuando la comunidad de judíos de Alejandría conocen que
la Torá se ha traducido al griego,
piden copias de la misma...
En
virtud del canon hebreo, no cerrado por entonces, esa traducción del Pentateuco contiene una serie de libros
veterotestamentarios que luego no fueron admitidos por el canon hebreo, pero
que para el cristianismo forman parte del canon del Antiguo Testamento como
obras "deuterocanónicas" tales como: añadidos griego a los Libros de Daniel y Esther, el Libro de Baruc con la Carta de Jeremías,
los Libros I y II Macabeos, el Libro de Judit, el de Tobías, el Eclesiástico y el Libro de
la Sabiduría.
El alcance
cultural de esta primera traducción de la Biblia al griego es inmenso, pues,
implica el primer trasvase de la sabiduría de Israel desde una lengua semítica
a la escritura de un código lingüístico indoeuropeo.
La SEPTUAGINTA
constituyó la Biblia del judaísmo
helenístico y, posteriormente, del
cristianismo naciente, cuya influencia llegó hasta los confines de Oriente
y Occidente del Imperio Romano.
A. T. T.
[1]. FERNÁNDEZ
MARCOS, Natalio (2001), La primera traducción
de la Biblia, Historia del texto bíblico, coordinadora María
Victoria Spottorno, Asociación Bíblica Española, núm. 31.
[2]. La dinastía ptolemaica es aquella fundada por Ptolomeo I Sóter,
general de Alejandro Magno. Esta dinastía gobernó en Egipto durante el período helenístico desde
la muerte de Alejandro hasta el año 30 a. C., en que se convirtió en provincia romana. También
se la conoce con el nombre de dinastía lágida, pues Lagos
se llamaba el padre de Ptolomeo I.
[3].
Esta Carta de Aristeas está incluida entre
los libros pseudoepígrafos, es decir, erróneamente atribuida.
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