Schopenhauer interpreta de forma
distinta la diferenciación que hace Kant entre Fenómeno y Noúmeno o Cosa en sí, aplicándoles un significado
propio. Por un lado, reduce todas las formas
a priori de la sensibilidad (espacio, tiempo, causalidad) de Kant a la
causalidad; y por el otro, entiende la
doctrina kantiana de la identidad del
espacio y el tiempo (que no existen sino en el pensamiento) como indicio o
señal de la inconsistencia ontológica de todo ser en sentido sustancial.
Las consecuencias de estas
matizaciones a Kant acarrean importantes consecuencias:
1º. La realidad de las cosas y de
los acontecimientos se identifican con una concatenación de causas y efectos,
de modo que la REALIDAD, la esencia de
la materia, es el actuar de los OBJETOS los unos sobre los otros, y esa
conexión causal y su estructura la produce de modo TRASCENDENTAL el mismo SUJETO,
esto es, la condición de experimentabilidad y cognoscibilidad de los OBJETOS es
lo que pone el SUJETO en el acto mismo de experimentarlos y conocerlos. La
esencia misma de la materia es su ACTUAR, su producir efectos.
2º. Esas relaciones entre los
FENÓMENOS son indicio de la nulidad ontológica que expresa la inanidad, la
futilidad, la vacuidad, la fugacidad o la vanidad de toda existencia en el
mundo como algo temporal.
La fugacidad y transitoriedad de
todas las cosas en el tiempo es marca inequívoca de la nulidad de toda forma de
existencia individual, de su finitud, de sus límites… frente a la infinitud del
tiempo y del espacio. El presente, privado de duración, carente de desarrollo,
es el único modo de existir en la realidad, en la relatividad de todas las
cosas, en su continuo devenir sin llegar jamás a ser, en ese continuo anhelar
sin lograr la plenitud, en ese luchar constante contra la muerte gracias a la
cual permanece la vida hasta que es aniquilada por imperio aniquilador de la misma
muerte.
Schopenhauer dirá que el tiempo es
aquello en virtud de lo cual cada cosa, en cada movimiento, se convierte en
nada en nuestras manos, y por lo cual perdemos todo valor consistente y
estable. Esta inconsistencia da a los FENÓMENOS, la REALIDAD de una SUEÑO, de
una APARIENCIA, de una SOMBRA, y los convierte en algo de lo que no se puede
predicar ni decir si existen o no.
De este análisis surge el primero de
los principios básicos de la metafísica de Schopenhauer: el mundo es mi
representación, porque las conexiones causales se producen únicamente en las FORMAS A PRIORI del sujeto (espacio,
tiempo, causalidad). Ni el ESPACIO, ni el TIEMPO, ni la CAUSALIDAD son entes
que se encuentren en las cosas, sino en las estructuras innatas del SUJETO, de
la SUBJETIVIDAD.
Cuando Schopenhauer afirma que EL
MUNDO ES NUESTRA REPRESENTACIÓN, nos está diciendo que solo ese sistema de los
fenómenos, estrictamente relacionados y trabados por el principio de razón,
constituyen el mundo. Sin embargo, esto no implica que no se pueda satisfacer “LA
NECESIDAD DE METAFÍSICA”, ni construir ninguna metafísica, como parece
deducirse ante la evidencia de la inanidad e inconsistencia de toda existencia,
como dejó ya apuntado por Kant. Pero eso la trataremos en el siguiente
capítulo.
A.T.T.
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