Schopenhauer da el paso decisivo al observar que el
sujeto que aporta las estructuras a
priori ( espacio, tiempo, casualidad) haciendo posible el mundo como
conjunto ordenado de representaciones, se experimenta a sí mismo no solo como
un objeto más de las representaciones, sometido al principio de razón suficiente
(lenguaje científico), sino también como algo distinto, como VOLUNTAD.
Kant excluye que el SUJETO, que hace posible el OBJETO al
organizar y unificar a priori los
datos sensibles, pueda ser a su vez, para él mismo, OBJETO de conocimiento,
porque eso implicaría reconocerle la posibilidad de desdoblarse en otro SUJETO
que hiciera al YO su OBJETO y así al infinito.
Schopenhauer admite este planteamiento kantiano pero cree
que la experiencia que cada uno tiene de sí mismo, de su cuerpo, le lleva a lo
que él llama la VOLUNTAD como vida interiormente sentida, como sustrato de
nuestras reacciones orgánicas, de nuestros deseos e impulsos instintivos y de
todo nuestro QUERER consciente e inconsciente.
Por tanto, el mundo es también VOLUNTAD porque entre los
fenómenos que se dan en el mundo de la representación hay al menos uno que
podemos, no solo CONOCER científicamente como fenómeno, sino también que
podemos EXPERIMENTAR desde dentro..
Así abre una vía, no científica, para acceder a lo que
está más allá del mundo como representación, esto es, la COSA EN SÍ, el NOÚMENO
kantiano, algo que solo se podía pensar pero no conocer al no ser susceptible
de síntesis trascendental.
En resumen, el mundo no es solo representación. El sujeto
se experimenta doblemente como REPRESENTACIÓN entre representaciones y como VOLUNTAD.
Y esta última experiencia posibilita el acceso a la COSA EN SÍ y, por tanto, a
la construcción de una METAFÍSICA que no es equiparable al conocimiento
científico, porque éste conocimiento científico es SÍNTESIS A PRIORI. Los juicios sintéticos a priori se aplican solo a los FENÓMENOS, y son
posibles por las ESTRUCTURAS TRASCENCENTALES (FORMAS PURAS) presentes en el
sujeto humano, esto es: en la SENSIBILIDAD, por medio de las intuiciones puras (ESPACIO Y TIEMPO, y en su compenetración
recíproca se llaman CAUSALIDAD), y en el ENTENDIMIENTO mediante los conceptos puros (las 12 categorías u
objetos de la Analítica trascendental).
Todo lo que percibimos en esas condiciones es SIMPLE APARIENCIA dado que no
conocemos las cosas como pueden ser en sí mismas, independientes de nuestra
percepción.
Esa METAFÍSICA solo será un presunto conocimiento,
problemático, pero que sobrepasa lo que simplemente se muestra como FENÓMENO O
REPRESENTACIÓN de los seres.
Con estos dos axiomas: el mundo como VOLUNTAD (voluntadà METAFÍSICA) y REPRESENTACIÓN
(representación à
CONOCIMIENTO CIENTÍFICO), Schopenhauer nos ofrece una descripción de la
estructura fundamental de la realidad.
De este modo, cuando más conscientes seamos de la
caducidad y nulidad de todas las cosas y de su estructura fantasmal (el mundo
como REPRESENTACIÓN), más meridianamente comprenderemos la eternidad de nuestra
propia esencia más profunda, que lleva en sí misma el centro inmóvil de todo el
tiempo infinito. El carácter insustancial de las cosas (representación, apariencia,
fugacidad), únicamente puede ser reconocido en contraste con nuestra propia
esencia (voluntad, indestructibilidad).
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