Caspar David Fiedridh, Caminante ante un mar de niebla
(Hamburgo,
Kunsthalle)
Friedrich expresa aquí de manera emblemática la figura que encarna
el romántico Wanderung
(“el caminar por el mundo”), impulsado por el deseo
indefinible de acercarse al infinito, de ensimismarse en la naturaleza en un
abrazo casi cósmico.
Friedrich Hölderlin
(1770-1843) y la divinización de la naturaleza.
Los temas románticos que resuenan en
Hölderlin son el amor por la Antigua Grecia, la primacía espiritual de la
belleza y de la poesía como únicos medios capaces de captar lo Infinito-Uno, el
intenso sentimiento de permanencia a este “Todo” y la divinización de la
naturaleza, entendida como origen de Todo (dioses y hombres).
Su novela Hiperión o el eremita en Grecia (1797-1799) es una especie de
novela de formación escrita en estilo epistolar, cuyo protagonista se forma en
el caminar por el mundo (la Wanderung romántica). Hiperión es un griego del
siglo XVIII que desea luchar por la independencia de su patria en poder de los
turcos, y a favor del resurgir de la antigua Grecia. Pero se da cuenta de que
los griegos de su época son muy diferentes a los antiguos. A esta amarga
desilusión se añade la muerte de su amada Diotima, después de lo cual Hiperión
se refugia en Alemania, donde solo encuentra una total incomprensión. Únicamente
encuentra la paz cuando se refugia en el seno de la naturaleza divina. Schelling partirá precisamente de esta
concepción de la naturaleza para superar a Fichte.
Sufrió un desequilibrio mental con
graves crisis y, a partir de 1806, su estado fue permanente. Su trágico destino
le llevó a vivir apartado de todos y después de incertidumbres e incomprensiones,
actualmente se le considera uno de los mayores poetas alemanes. Su obra fue
definitivamente revalorizada por el filósofo Heidegger (1889-1976).
Friedrich von
Hardenberg Novalis (1772-1801) o del idealismo mágico al cristianismo como
religión universal.
Considerado la voz poética más pura
del Renacimiento, también fue pensador de inferior importancia, llegó a decir
que “el mundo se convierte en sueño, el sueño en mundo”. Su “idealismo mágico”,
en Fragmentos, es su gran novedad.
Fichte opone al realismo el idealismo gnoseológico-metafísico. El realista
convierte en prius al objeto y trata
de deducir de éste al sujeto; en cambio, el idealismo considera que el prius es el “yo” y el sujeto, y trata de
deducir de él el objeto.
Johann
Gottlieb Fichte (1762-1814) replanteó la filosofía trascendental de Kant
transformando el yo pienso kantiano, de mera función unificadora, en actividad
creadora. De este modo funda el idealismo moderno. La clarividencia que le
llevó a crear una nueva filosofía, consistió en la transformación del yo pienso kantiano en un yo puro, entendido como pura intuición que se autopone, se autocrea,
y al ponerse a sí misma esa intuición, crea
toda la realidad. Además identifica la esencia de este “yo” con la libertad. Fichte insistió
reiteradamente que sus sistema no era sino la filosofía de Kant expuesta
mediante un procedimiento distinto al de aquél.. Sin embargo, Kant no se
reconoció en la “doctrina de la ciencia” de Fichte. Kante no se equivocaba
cuando afirmó: al poner el “yo” como primer principio y al deducir de él la
realidad, Fichte creo el idealismo.
El YO fichteano es el principio
originario y absoluto de toda la realidad y se caracteriza esencialmente como ACTIVIDAD que ante todo SE PONE A SÍ MISMA, y, luego, pone TODAS LAS COSAS; de este modo, el YO ES CONDICIÓN INCONDICIONADA de si
mismo y de la realidad.
En la metafísica anterior a Fichte, LA ACTIVIDAD, EL OBRAR, SE CONSIDERABA
SIEMPRE CONSECUENCIA DEL SER (operari,
seguitur esse); el ser era condición del obrar; la acción se sigue del ser
de la cosa; para que una cosa actúe primero tiene que ser; el ser es la
condición del actuar. El Idealismo fichteano, en cambio, da la vuelta al antiguo axioma y afirma que esse sequitur operari: lo cual significa
que la acción precede al ser, EL SER ES EL PRODUCTO DE LA ACCIÓN, el ser
se deriva de la acción, y no a la inversa. Y, de este modo, EL YO PIENSO KANTIANO, que era la
estructura trascendental del sujeto, se convierte en Fichte en actividad,
autointuición (aquella intuición intelectual que el mismo Kant consideraba
imposible para el hombre), autoposición de la que se deducen todas las cosas;
es decir, el YO FICHTEANO es aquella
intuición intelectual que Kant consideraba imposible que el hombre poseyera,
porque coincidía con LA INTUICIÓN DE UN
ENTENDIMIENTO CREADOR. La actividad del yo puro es, en sentido estricto,
autointuición, en cuanto autoposición. Fichte llega incluso a utilizar la
expresión “yo en sí” para indicar el “yo” como condición incondicionada, que no
es un hecho, sino un acto, una actividad originaria. La actividad El yo
absoluto no es el yo del hombre individual, al cual pertenece un yo, siempre y
en todo caso limitado por el “no yo”.
Análogamente, Novalis, seguidor de
Fichte, considera el realismo mágico como el antiguo naturalismo ocultista,
aquel naturalismo que veía de modo predominante la magia en el objeto. Por el
contrario, el idealismo mágico considera la magia auténtica en que la
inconsciente actividad generadora del “yo”, engendra el “no yo”. Su novedosa
concepción idealista de la realidad es la auténtica concepción mágica, porque
muestra cómo todo procede del espíritu, cómo este domina todas las cosas y es
un poder soberano absoluto. “Yo = no yo” es la tesis suprema de todas las
ciencias. Este es el principio fundamental del “idealismo mágico”[1].
En la naturaleza y en la divinidad,
al igual que en el “yo” existe una idéntica fuerza, un idéntico espíritu. La
filosofía es magia, pero el arte lo es aún más. “La poesía capta realmente lo
absoluto, es lo absoluto: “La poesía es lo real, lo real verdaderamente
absoluto. Este es el núcleo de su filosofía”[2].
Friedrich
Daniel Ernst Schleiermacher (1768-1834): la interpretación de la religión,
el relanzamiento de Platón y la hermenéutica.
Fue el creador del concepto romántico
de religión como sentimiento de dependencia radical de la Totalidad.
“Toda intuición deriva de un influjo
del objeto sobre el sujeto que intuye, de una acción originaria e independiente
que realiza el objeto y que el sujeto acoge, comprende y concibe en conformidad
con su naturaleza”.
En consecuencia, la intuición es la
acción de lo infinito sobre el hombre; el sentimiento es la respuesta del
sujeto: su estado de ánimo, la reacción de la conciencia. Este sentimiento que
acompaña a la intuición de lo infinito es un sentimiento de total dependencia
del sujeto con respecto a lo infinito. El sentimiento religioso, pues, es un
sentimiento de “dependencia total” del hombre (finito) con relación a la
Totalidad (infinito). La religión, pues, es una relación entre el hombre y la
Totalidad originándose un sentimiento de plenitud.
Con el tiempo, Schleiermacher
considerará el cristianismo como religión preferente y concede a Cristo un
papel de Mediador y Redentor con rasgos divinos que al principio le negó.
Al considerar la religión como
intuición del infinito, se produce en su obra un relanzamiento de Platón y se
le considera como un precursor de la Hermenéutica actual, como técnica de
comprensión e interpretación de los escritos, especialmente las Sagradas
Escrituras. También defiende que el conocimiento como tal se caracteriza por
una comprensión global de la estructura interpretativa. Hay que comprender el
todo para poder entender cada una de sus partes y sus elementos constitutivos.
[1]. Novalis
escribió la novela Los discípulos de Sais:
“A uno le cupo la oportunidad de levantar el velo de la diosa de Sais. Y bien,
¿qué vio? Se vio –maravilla de las maravillas- a sí mismo.”
[2]. En ese
concepto se basa la novela inconclusa Heinrich
von Ofterdingen, en la que se mezcla el ensueño y realidad, poesía y prosa.
La novela cuenta la historia del joven Heinrich, que busca la “flor azul” que
un día vio en su sueño y que desde entonces siempre ha añorado.
El
inglés romántico Samuel Taylor Coleridge (1772-1834) expresa esa misma idea
así: “¿Y si durmieras? ¿Y si en tu sueño,
soñaras? ¿Y si soñaras que ibas al cielo y allí recogieras una extraña y
hermosa flor? ¿Y si cuando despertaras tuvieras la flor en la mano? ¿Oh,
entonces qué?”.
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