La relatividad de la certeza matemática[1]
Por el conocimiento claro y
distinto, por el pensamiento, acaso se puede alcanzar la certeza intelectual.
La matemática "pura", con toda su absoluta certeza, cuando se hace
matemática "aplicada" lo mismo puede contribuir a la seguridad que a
la inseguridad de la vida del hombre.
Con McLuhan cabe preguntarnos ¿qué
mejora en el pensamiento de los hombres cuando se pregunta de dónde venimos y
adónde vamos? ¿Qué cambia con la matemática "aplicada"? ¿Qué valores
recupera el hombre? ¿Qué aspectos contradictorios se suavizan o
desaparecen entre la certeza conceptual
de las matemáticas y la seguridad existencial y social? Con los avances
científicos y tecnológicos las imágenes y configuraciones del hombre no sólo
aluden a cosas, sino que se transforman en cosas por sí mismas, convirtiéndose
en herramientas, en artefactos reactivos, a veces muy peligrosos u objetos que
tienen la capacidad de cambiar el mundo (McLUHAN, 2009: 288).
Sin embargo, para McLuhan, la
principal característica humana no es tanto crear imágenes, artefactos,
herramientas... sino poseer la facultad de comunicación entre seres humanos
sobre cómo hacer uso de esas piezas; el hombre no puede transmitir por herencia
biológica esas extensiones de los sentidos o de sus facultades mentales. Solo
lo puede conseguir por medio de los procesos de enseñanza-aprendizaje, como
ocurre, por ejemplo, con el teorema pascaliano, su física (Traité de sons), la prensa hidráulica o las Lettres Provinciales, donde Pascal se nos presenta como
inmisericorde polemista y panfletista, sin parangón en su tiempo, sirviendo de
modelo después a Voltaire, al ser considerado "el primer periodista"
de la literatura francesa. Como
Descartes, Pascal lleva inherente las dotes de un profundo pensador, posee el
"pathos" del pensamiento: "El hombre no es más que una caña...,
pero una caña que piensa". En ese pensamiento vemos que participa del dualismo
cartesiano de espíritu y materia, alma y cuerpo. Y como Descartes no acepta la
Escolástica, y la Biblia, con respecto a la física moderna, tiene tan poca
autoridad como la antigua física de Aristóteles. Empero, al igual que
Descartes, ataca a los "libertinos", librepensadores y ateos,
rastreando con fino olfato los problemas del hombre hasta chocar con el
fundamento último de la existencia humana.
[1]. KÜNG, Hans (1979), ¿Existe Dios? Respuesta al problema de dios
en nuestro tiempo, 3ª edición, Madrid, Ediciones Cristiandad, págs. 75 y
ss.
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