El sueño de la razón produce monstruos

martes, 5 de febrero de 2013

El espiritualismo de Schopenhauer bajo la influencia de la tradición brahmánica-budista y del cristianismo primitivo (III)



1.3. Filosofía de la Ilustración
            Cassirer, en 1932, ya un clásico, escribía una Filosofía de la ilustración y en ella señalaba que una historia de la filosofía de la Ilustración debía ser más una historia de las ideas generales de la época y de los libros de los filósofos que las crearon.
            Pero aquí es necesario trazar un breve panorama geográfico que nos permita situar a los principales autores. Veamos:
            INGLATERRA
            Los empiristas y Newton. John Locke (1632-1704) e Isaac Newton (1642-1727) son los “padres” de la Ilustración: el empirismo y el método analítico serán aceptados por casi todos los filósofos del siglo XVIII. El último de los empiristas, David Hume (1711-1776) es un autor más tardío, y su escepticismo provocará la crisis de la Ilustración inglesa.
            El deísmo representa el intento de fundar o restituir una religión “natural”, es decir, racional, cuyo iniciador es Cherbury (+ 1648), y continúa con Lock. También están los “librepensadores” que reivindican el derecho a la libertad de pensamiento en materia religiosa, así como la tolerancia, y compuso la obra clave del deísmo inglés: Cristianismo sin misterios. Los deístas no eran anticristianos, sino antidogmáticos, y pretendían reducir el cristianismo a la religión racional.
            Los moralistas ingleses intentan fundamentar la moral al margen de la religión. Buscan su base en el sentimiento, o en el “sentido moral” particular y no en la razón. Así la moral pasa del campo de la teología, o la metafísica, al campo de la psicología.
            Hobbes inicia el camino, pero se refirió a los instintos egoístas del hombre como raíz de los juicios morales. Los moralistas siguientes no quisieron seguirle y se ocuparon de los instintos naturales altruistas en constante lucha contra los instintos egoístas. A estos últimos se les considera eudemonistas porque hacen coincidir la virtud con la felicidad: Shaftesbury (+ 1713), B. Mandeville (+ 1733), el propio Hume, Adam Smith (+ 1790)…
            La psicología asociacionista. La concepción mecánica del Universo de Newton fue traducida muy pronto al campo de la psicología. Su principal representante es el médico David Hartley (+ 1757) que estableció un estricto paralelismo entre los procesos psicológicos y los fisiológicos (vibraciones del cerebro): la actividad psíquica se reduce a asociaciones de sensaciones, similar a la gravitación planetaria de Newton.
            La escuela escocesa. Representa una fuente reacción, segunda mitad del siglo XVIII, contra el empirismo de Locke y Hume, y enlaza con los moralistas inglés, recogiendo de ellos la idea de un orden armonioso y providencial del cosmos. Por ejemplo, a Adam Smith esto le permite justificar el libre juego de las tendencias económicas; el moralista y economista en su Teoría de los sentimientos morales (1759) defiende que Dios ha establecido un admirable orden en el mundo, una verdadera armonía, que hace que los hombres, al seguir su propio egoísmo, no hace sino colaborar a la felicidad de todos. Egoísmo y altruismo coinciden en el fondo. Esta especie de “armonía preestablecida” (Leibniz, 1646-1716) de los egoísmos altruismos es lo que permite a Smith fundamentar su liberalismo económico.
            Smith también defendió la existencia de un “sentido” o instinto innato en el hombre. Contra el innatismo de este “sentido” había luchado Locke, y no solo contra las ideas innatas de los cartesianos.
            La escuela escocesa, cuyo principal representante es Thomas Reid (+1796), gozó de gran aceptación. Con ella se agotó en Gran Bretaña la energía creativa, pero la influencia de los grandes pensadores ingleses posibilitó un poderoso movimiento intelectual en Francia.
            FRANCIA
            La ilustración francesa se inspiró en los escritores ingleses, e incluso en el modelo social británico. Voltaire difundió en Francia el pensamiento de Locke, Newton, Shaterbury y los deístas. Newton se convirtió en la gran autoridad científica entre los franceses. Y Montesquieu adoptó las ideas políticas de Locke. La originalidad de la ilustración francesa fue añadir a aquellas ideas británicas el tema de la historia, además de reelaborar todas las doctrinas. Descartes seguirá vivo en la mente de todos, pero se reconocerá que había sido superado por Newton.
            Las circunstancias sociopolíticas de Francia eran distintas: monarquía absoluta, aristocracia que se aferraba a sus derechos, e intolerancia en todos los terrenos culturales, la influencia de la iglesia católica y la bancarrota económica con empobrecimiento del pueblo. De ahí que los ilustrados franceses fueran más críticos y agresivos y también más brillantes que los ingleses, esforzándose por dar mayor difusión a sus ideas y fueron los filósofos franceses los que extendieron las ideas ilustradas por toda Europa.
            La ilustración francesa comienza con Pierre Bayle (1647-1706) fundador de la crítica histórica; mantiene una postura escéptica (siguiendo a Montaigne) y considera que la fe es básicamente irracional frente a la razón. Como Bayle era creyente, se le considera representante de la doctrina de la “doble verdad”; no podía aceptar el deísmo o religión racional, pero expresa bien que la filosofía había roto ya con la religión.
            En el siglo XVIII, con independencia de las rivalidades políticas, se estable una relación cultural fecunda entre Inglaterra y Francia. Junto a la nueva actitud intelectual, se transmite también de Descartes, Newton y Locke una fe invencible en la razón y el derecho natural, y además una confianza absoluta en la experiencia y los sentidos. Todos los intelectuales mostrarán su inspiración en el método científico basado en la investigación empírica. En salones, cafés y bibliotecas ya no sólo se habla de arte y letras, sino también de matemáticas, álgebra, astronomía y física.
             La crítica se valora como una forma refinada de la razón y el método se aplica a la Historia (el monje Jean Mabillón, fundador de de dos disciplinas auxiliares de la Historia: la diplomática y la paleografía, 1632-1707), a la religión y a los textos bíblicos (Richard Simón, 1638-1722), a las Leyes (Montesquieu), a la sociedad, los gobiernos y la educación (Rousseau), a la literatura y la estilística (Diderot, Voltaire y Buffon ), a la Teoría del conocimiento o Epistemología (el abate Condillac, en su Tratado de las Sensaciones, 1754). Todo esto culminará en la Enciclopedia (1750-1772), obra colectiva de divulgación en la que colaboran la mayor parte de los intelectuales de la época.
            Al fundamentarse en la razón como única garantía de verdad y en la evidencia, los argumentos filosóficos destruirán los dogmas, las tradiciones y la metafísica. El filósofo y escritor francés Pierre Bayle (Dictionnaire historique y critique), considerado la primera gran figura de la ilustración, censura además la autoridad y legitima el libre examen y la libertad de pensamiento, amén de buscar la verdad en el mundo físico, tratando de aniquilar los “prejuicios” que “oscurecían” el conocimiento de las cosas al aplicar la razón y la naturaleza a las realidades inmediatas materiales, morales, políticas y sociales. De este modo la crítica del Siglo de las Luces desprestigiará la autoridad de las instituciones más vulnerables, dando lugar a un movimiento materialista, que en unos casos será deísta y en otros ateos.
            El hombre forma parte de la naturaleza física y material de la que ha surgido, por lo que se convierte en objeto de observación y experimentación: progreso de la medicina, la fisiología y la observación clínica por medio del análisis de caracteres, fundamentado en lo físico (Jean de La Bruyère ), que conducirá a la idea de que la moral depende de la constitución física.
            Este materialismo, cuyo representante más significativo es D´Holbach (Sistema de la Naturaleza, 1770) afirma que el hombre está condicionado por el determinismo natural y que la naturaleza crea y transforma según sus propias leyes. Junto al análisis de los caracteres, aparece también el de las costumbres por medio del estudio de los comportamientos que tratará de perfilar la naturaleza del hombre caracterizada por el instinto de conservación y la búsqueda de la felicidad.
            De estos planteamientos, aparece la moral nueva, epicúrea, que rechaza el heroísmo y el ascetismo, y en la que el hombre se deja arrastrar por la pasión. La felicidad consiste en el placer, y este nos viene directamente de la Providencia; en consecuencia, ceder al placer no es ofender al Creador, sino co-participar de sus planes y colaborar a la armonía universal. La distinción entre vicio y virtud queda marcada en la oposición entre lo agradable y lo desagradable. Las acciones humanas están guiadas por el amor propio y la búsqueda del propio interés, deduciéndose de ahí que toda organización humana (sociedades) es solo el producto del esfuerzo de la razón del hombre por conseguir la felicidad.
            De estas teorías se llega a la conclusión de que toda organización y sus gobiernos no tienen origen divino y se deben justificar o no en la medida en que contribuyen a la felicidad humana. Así se infiere la necesidad de un contrato social y los cambios y transformaciones de la sociedad francesa para que no se permita la existencia de tantas miserias y tantas desdichas. Estas ideas fueron defendidas por el abate de Saint-Pierre, Chales-Irénée Castel, y, de él, pasarán a la obra de Rousseau.
Para todos los filósofos, de la difusión de las ideas filosóficas en la sociedad dependerá la mejora de la condición humana, porque la ignorancia es la causa principal de la esclavitud. Por eso hay que luchar contra uno de los principales obstáculos: las religiones reveladas, el cristianismo en particular, y la iglesia católica en especial.
            La actitud religiosa cristalizará en dos posturas principalmente:
            1ª.) Los deístas: Deísmo, filosofía religiosa racionalista que prosperó en los siglos XVII y XVIII, de forma muy acusada en Inglaterra. Los deístas mantenían que un cierto tipo de conocimiento religioso (a veces llamada religión natural) es o inherente a cada persona o resulta accesible a través del ejercicio de la razón, pero negaban la validez de las afirmaciones basadas en la revelación o en las enseñanzas específicas de cualquier credo.
            El deísmo había surgido como corriente de pensamiento en Inglaterra. Los deístas más destacados del siglo XVII fueron Edward Herbert, John Toland y Charles Blount: todos ellos defendían una religión racionalista y criticaban los elementos supranaturales o irracionales de las tradiciones judías y cristianas. A principios del siglo XVIII, Anthony Collins, Thomas Chubb y Matthew Tindal radicalizaron el ataque racionalista sobre la ortodoxia intentando desacreditar los milagros y misterios de la Biblia.
            Aunque estos desafíos a las interpretaciones tradicional y ortodoxa del cristianismo provocaron general desaprobación, los deístas colaboraron mucho en configurar el clima intelectual de Europa en el siglo XVIII. Su énfasis en la razón y su oposición al fanatismo y la intolerancia influyeron de manera notable en los filósofos británicos John Locke y David Hume. En Francia, Voltaire llegó a ser un verdadero defensor del deísmo e intensificó la crítica racionalista de sus predecesores a las Escrituras. Sin embargo, mantuvo la opinión de los deístas británicos de que existe una divinidad. Otras versiones del deísmo, algunas de ellas próximas al ateísmo, fueron defendidas por varias personalidades destacadas del Siglo de las Luces.
            2ª.) Los ateos, cuyo máximo representante en el XVIII es Nicolas Boindin y que influyó profundamente en los enciclopedistas.
            Todos ellos coincidirán en defender la tolerancia religiosa e intelectual de los hombres. En la segunda mitad del siglo se produce una reacción contra la filosofía materialista, cuyo principal representante es Rousseau, quien, en lugar de fundamentarse en la razón, lo hace en el sentimiento. Esto provocará una lucha abierta entre sentimentalismo y materialismo, que quedó reflejada en la novela del momento.
            Por otro lado, el deísmo echó sus raíces en Francia con Voltaire (1694-1778), que no era ateo: “Si Dios no existiera, sería necesario inventarlo; pero la Naturaleza entera nos grita que existe”. El orden del mundo nos demuestra la existencia de Dios. Fue terriblemente crítico con Leibniz por eso, solo la ingenuidad de Cándido podría creer que “éste es el mejor de los mundos”, y sobre todo, que el orden del mundo presuponga que todo está orientado a favor del hombre. Esta última es, quizás, la tesis de Voltaire. No se le puede calificar como estrictamente materialista, aunque duda positivamente de la inmortalidad del alma, y admite la posibilidad de que sea la materia la que piense, como ya había sugerido Locke.
            Los naturalistas defenderán una concepción no materialista de la realidad, por más que vida y conciencia sean concebidas como propiedades de la materia; sus representantes más destacados son el filósofo, matemático y astrónomo francés Moreau de Maupartius (1698-1759) y el filósofo naturalista, y uno de los continuadores de la Enciclopedia de Diderot, Jean-Baptiste-René Robinet (1735-1820).
            Una concepción estrictamente materialista del hombre se encuentra en Julian Offray de La Mettrie (1709-1751), quien en El hombre Máquina (1748) no hace sino trasladar al hombre entero la concepción cartesiana del cuerpo animal: el hombre es una pura máquina, y toda actividad psíquica es producida por ese reloj complejísimo que es la máquina del cuerpo. Lo mismo que en d´Holbanch (1723-1789), el materialismo posee, además, una dimensión ética y política: se considera un instrumento de la liberación del hombre y su ateísmo explícito le lleva a pensar que el materialismo puede salvar al hombre de los sometimientos que pretenden encontrar en la religión o en la moral espiritualista.
            Los moralistas, fundados en La Mettrie y Holbach, cuyo máximo representante es Claudio Adriano Helvetius, consideran que la virtud es una especie de egoísmo que rige la conducta moral del hombre. Y la sociedad llama “virtud” a aquello que es útil a la colectividad. Se trata, pues, de una moral naturalista, que sigue en parte a los análisis psicológicos inspirados en los moralistas ingleses y que recupera, en muchos aspectos, la moral epicúrea, pues hunde sus raíces en la búsqueda de la felicidad. Aquí la ética se ha desprendido absolutamente de la religión y recurre, especialmente, al concepto de “naturaleza humana”, uno de los conceptos claves de la ilustración, tratando de descubrir en las “leyes naturales” las propias leyes morales.
            La idea de progreso aparece como recurrente en los ilustrados franceses: Turgot (+1781), Condorcet (1743-1794), Montesquieu (1689-1755), Rousseau (1712-1778), y en los enciclopedistas: Diderot (1713-1784) y d´Alembert (1717-1783).
            Como caso curioso señalamos aquí el hecho de que la novela libertina evolucionará cargándose de un espíritu negativo, como las obras de Mirabeu, a las de costumbres galantes de Jean Baptiste Louvet de Couvray (1760-1797), dirigidas a un público de aristócratas. La aristocracia reaccionó con la afirmación de sus privilegios, haciendo del egoísmo su ley, ante la mente racionalista, practica y de corazón sensible de la potencia creciente de la burguesía, que conciliaba virtud y vicio.
Amarrados a sus derechos y su existencia, aquellos individuos que por nacimiento se creían diferentes del resto de los hombres soñaron con utilizar las fuerzas de liberación material y espiritual para destruir a quienes las habían creado y las dirigieron contra ellos. Desnaturalizaron y distorsionaron la filosofía de la Ilustración. El libertino de fin siglo aspira a un poder absoluto para ejercer una maldad absoluta.
            Como máximo representante de esta corriente aparece Donatien Alphonse François, Marqués de Sade, célebre escritor francés de novelas, obras de teatro y tratados filosóficos, muy conocido por sus obras eróticas y pornográficas, prohibidas durante mucho tiempo, se desenvuelve durante una etapa especialmente agitada de la historia de Francia: los reinos de Luis XV y Luis XVI, la Revolución Francesa y el Imperio de Napoleón. Es un periodo de transición entre una sociedad del Antiguo Régimen, con la destrucción del sistema de producción feudal, a los principios teóricos de la igualdad económica y civil. En muchos de sus escritos, como Justina o Los infortunios de la virtud (1791), Julieta o Las prosperidades del vicio (1796), Las ciento veinte jornadas de Sodoma o la escuela de libertinaje, publicada póstumamente, (Pasolini la llevó al cine en Las 120 jornadas de Sodoma) y La filosofía en el Tocador (1795), Sade describe con gran detalle sus excesivas e inhumanas prácticas sexuales. En psiquiatría se acuñó el término sadismo para denominar el tipo de neurosis que consiste en obtener placer sexual infligiendo dolor a otros. Su filosofía aceptaba como naturales tanto los actos criminales como las desviaciones sexuales.
            Sus obras fueron calificadas de obscenas y los censores han intentado enmudecerlo, lo que acaso haya contribuido a convertirse en cómplices de su inmortalidad. Su persecución ha perdurado hasta bien entrado el siglo XX, estando prohibida su publicación al adentrarse en las perversiones hasta extremos nunca imaginados. Encarcelado en Vincennes, pasó seis años en esta prisión, después se le trasladó a la Bastilla y en 1789 al hospital psiquiátrico de Charenton. Abandonó el hospital en 1790 pero fue detenido otra vez en 1801. Rodó de prisión en prisión y en 1803 ingresó otra vez en Charenton, donde murió en 1814.
            Este inmoralismo, que se enmascara como resultado lógico de las ideas defendidas por Le Mattie, Helvétius, D´Holbach o Diderot, a penas es una caricatura deformante de las ideas ilustradas como evidencian los caracteres no sólo de los personajes del Marqués de Sade, sino también los de algunos de Nicolas Edme Restif de La Bretonne y Anna Ninon de Laclos o el Wathek (1786) de la novela gótica de William Beckford (1760-1844), escrita originariamente en francés. Este libertinaje se manifiesta en la prosa literaria al hacer que la maldad humana se vuelva monstruosa, asunto al que se asocian los temas del erotismo y con frecuencia el de la magia.
            ALEMANIA
            La Ilustración alemana es menos original y menos influyente. Sin embargo, allí surge el mayor filósofo del siglo: Immanuel Kant (Königsberg, Prusia, 1729-ibídem, 1804).
            Federico II de Prusia (gobierna entre 1740-1786), llamado el “filósofo de Sans Souci (Postdam)”, uno de los mayores exponentes del despotismo ilustrado, gran amigo de Voltaire, facilitó la introducción de las ideas ilustradas de Francia e Inglaterra.
            Con todo, Immanuel Kant es el filósofo fundamental. Aquí se pueden citar algunos autores que implican una transición al Romanticismo: J.J. Hamann (+1788), F.E. Jacobi (+1819) y, sobre todo, el filósofo, teólogo y crítico literario Johann Gottfried von Herder (1733-1803) cuyas obras contribuyeron a la aparición del romanticismo alemán; como instigador del movimiento conocido como Sturm und Drang ("Tormenta e impulso"), la vertiente alemana del Prerromanticismo europeo, inspiró a muchos escritores, entre ellos, y muy especialmente, al joven Johann Wolfgang von Goethe.  Herder escribió el libro Ideas sobre la filosofía de la historia de la humanidad (1784 y ss.), mostrando hasta qué punto el pensamiento alemán se iba orientando hacia los problemas de la Historia.
            ITALIA
            Aquí cabe destacar al  profesor e historiador del Rey Juan Bautista Vico (1688-1777); para Vico, el criterio de verdad es lo producido o lo causado: “verum est factum” (la verdad como resultado del hacer). El hombre sería, en su mundo, una figura análoga a Dios, en tanto que sus verdades las “crea” él. Este mundo de la verdad es el mundo ideal, donde el hombre produce su objeto, como en las Matemáticas, la Metafísica y la Filosofía de la Historia. Así, Dios y la Humanidad son los grandes objetos del saber: de la Religión y el Derecho, respectivamente. Vico postuló una Filosofía de la Historia fundada en la naturaleza común de las naciones, dentro de un plan providencialista, dentro de un esquema cíclico: etapa divina, heroica y humana, donde impera la civilización. Esto le lleva a desechar el Cogito cartesiano como individualista y a unir la teoría con la praxis.
            Y también, a César Beccaria, Marqués de Beccaria  (Milán, 1738-1794) que tanto influyó su libro titulado De los delitos y las penas en la aplicación al Derecho penal; esa obra fue muy apreciada en toda Europa y acogida con entusiasmo por los enciclopedistas franceses. En ese breve escrito se deja sentir el impulso de los ideales de la Ilustración: su ataque a la práctica de la tortura y a la pena de muerte, y su opción por la moderación y racionalidad en las penas, refleja un nuevo humanitarismo.
            ESPAÑA
                La Ilustración apenas tuvo arraigo en España y se inscribe en el marco general de la Ilustración europea: espíritu crítico, fe en la razón, confianza en la ciencia, afán didáctico. Las fuentes son esencialmente francesas e italianas. Los ilustrados españoles fueron una minoría culta formada por nobles, funcionarios, burgueses y clérigos. Se preocuparon por las reformas, el desarrollo de la economía  y la mejora del sistema educativo indagando sobre las ciencias útiles; su crítica social fue moderada, y muestran interés por las nuevas ideas políticas liberales, aunque, en su mayor parte, no apoyaron planteamientos revolucionarios.
            Su afán reformista les llevó a chocar con la Iglesia y la mayor parte de la aristocracia. Pese a los afanes ilustrados, la mayoría del país siguió apegada a los valores tradicionales. Entre los ilustrados españoles destacaremos a Benito Jerónimo Feijoo (+1764) cuya obra se centro en la divulgación de la ciencia de Newton y en la crítica a los prejuicios tradicionales y las supersticiones  (Teatro Crítico, 1726) y a Gaspar Melchor de Jovellanos (+1811). Los escritos de Campomanes, Jovellanos y otros nos muestran la síntesis de las teorías económicas de la fisiocracia y del liberalismo económico. De ahí que surgieran las Reales Sociedades Económicas de Amigos del País, preocupadas por la divulgación de las ciencias útiles y el despertar económico.
            En general se puede afirmar que los ilustrados tienen conciencia de que se está produciendo una transformación de las ideas, especialmente gracias a Locke y Newton. Aparece una nueva forma de racionalidad y una nueva concepción de la Naturaleza con lo que brota una nueva y renovada confianza en el progreso.
            La Ilustración crea un modelo de racionalidad, en contraste con la racionalidad cartesiana. El cartesianismo tenía como modelo la razón matemático-geométrica, es decir, la razón sintética, deductiva (a partir de principios generales considerados como “ideas innatas”) y sistemática, en el sentido de que constituye “sistemas” omnicomprensivos. La Ilustración rechazará el cartesianismo y propone otro sistema: la razón empírica y analítica. Los inspiradores son Locke y Newton.
            Se trata, pues, de partir de la experiencia: La sensación es el origen de todo conocimiento (sensismo); no poseemos primeros principios y primeras verdades innatas de los que pueda deducirse todo. Se trata, pues de una nueva lógica: no es la lógica de los “principios” sólo, sino “la lógica de los hechos”. Los “principios” sólo se encuentran paradójicamente al final, después de una difícil labor de experimentación con los hechos. Newton había procedido así al preconizar el método experimental, y al negarse a “fingir hipótesis”. Se debe comenzar por la desarticulación exacta del fenómeno conocido, esto es, observar los objetos uno por uno, analizarlos y luego relacionarlos entre sí.
            El método analítico se aplica a todos los campos: el filósofo y economista francés, perteneciente a la segunda ilustración, Étienne Bonnot Condillac lo aplica a la psicología y describe la sensación como el último componente de los contenidos psíquicos; Montesquieu, al estudio de la sociedad y el Estado; el filósofo Claude-Adrien Helvetius, a la moral.
            La actitud crítica, la razón crítica, es una característica común a todos los ilustrados. Está presente en los empiristas, sobre todo en Hume, y culminará en la Crítica de la razón pura de Kant que dividirá en tres partes. El análisis es, precisamente, el instrumento de la crítica que se ejercita en todos los campos, incluida la razón tratando de determinar los límites de la capacidad de conocimiento del hombre. Los racionalistas habían aceptado dogmáticamente el poder ilimitado de la razón. Serán los empiristas los que desvincularán a la razón de todo contenido trascendente (ideas innatas, iluminación divina), reduciéndola a su propia naturaleza y a los límites de la experiencia sensible. Para los ilustrados, la sensación es el límite del conocimiento con lo que la Metafísica deja de existir.
            Los límites de la razón serán las únicas guías del hombre, liberadas de toda autoridad, especialmente religiosa. La razón, por tanto, se ha secularizado, se ha mundanizado, esto es, naturalizado, con lo que ha perdido el carácter “sagrado” o de la tradición.
                                                                             A.T.T.


[i].

El espiritualismo de Schopenhauer bajo la influencia de la tradición brahmánica-budista y del cristianismo primitivo (II)



1.2. La sociedad ilustrada
            La época que va desde la revolución inglesa (1688) hasta la revolución francesa (1789), poco más de un siglo, por todas partes, recibe el mismo nombre: Sécle des lumières, the Enlightenment, die Aufklärung, i lumi, siglo de la luces. Luces: la metáfora por antonomasia de la RAZÓN, lo que es tanto como decir El Siglo de la Razón. La Ilustración: Lumières, en francés; Enlightenment, en inglés; Illuminismo, en italiano; Aufklärung, en alemán.
            Se tiene conciencia de que empieza algo nuevo, de que la razón y la ciencia alumbran o iluminan por fin al hombre. La nueva cultura germina en Inglaterra y se difunde por toda Europa gracias a los franceses, cuya lengua se convierte en la lengua culta por excelencia.
            El siglo XVIII no fue una “edad de oro” del arte ni de la literatura, pero si de gran actividad. La música produjo verdaderos genios: Bach, Händel, Mozart… En poesía, a final de siglo aparece Goethe. La novela subraya la sátira social: François Fénelon (Aventuras de Telémaco), Johathan Swift (Los viajes de Gulliver), Daniel Defoe (Robinson Crusoe).
            La ciencia tampoco presenta grandes talentos: en astronomía, Laplace; en matemáticas, Euler; en física, la invención del termómetro: Fahrenheit, Reamur y Celsius, y del pararrayos, Flanklin. Mariotte y Gay-Lussac estudiaron los gases; Galvani y Volta, la electricidad; Coulomb, el magnetismo…Las ciencias naturales progresaron gracias a Linneo y Buffon. La embriología hará posible que se formalicen los primeros atisbos de la teoría de la evolución. Y la ciencia aún no se ha independizado totalmente del planteamiento religioso, filosófico, o incluso de prejuicios “animistas”, como por ejemplo Linneo quien defenderá la idea de que los minerales crecen “bajo la tierra”.
            El ilustrado siempre forma parte de una élite intelectual; es un pensador, un escritor y domina la retórica. La época de la Ilustración nos recuerda mucho a la época de los sofistas griegos o a la de los humanistas renacentistas. De philosophes se aplicó a Montesquieu, Voltaire, al naturalista francés Georges Louis Leclerc, Conde de Buffon (1707-1788), etc. y de Francia pasa a otros lares designando a personajes tan diferentes como Franklin, Beccaria, Hume y Adam Smith, Kant y Goethe….algunos se llaman a sí mismos “librepensadores” (Inglaterra). Muchos son francmasones. Todos son inconformistas del presente. Ejercen una crítica universal. “Es preciso examinarlo todo, revisarlo todo, sin excepción ni miramiento” (Diderot). Atacan cualquier forma de superstición, fanatismo u opresión intelectual, social o política. Todo dogma ha de ser destruido: la razón no debe encontrar más límites que los suyos propios. Creen en el progreso de la humanidad gracias al desarrollo de la razón. Una constante inquietud les domina. A pesar de su elitismo y su ideología burguesa ejercen una función propagandística, de “publicistas” porque la cultura ha de llegar a todos. De ahí su interés por la pedagogía y su afán de claridad, siguiendo el ejemplo de Lock. ¿Inmoralistas? No; ¿ateos? Sólo algunos. ¿Anticlericales? Casi todos.
            Las ideas de la ilustración lo penetran todo. Los filósofos están en las cortes e inspiran a los reyes o gobernantes. Sus obras se difunden rápidamente. Aparecen Enciclopedias y Diccionarios y aumentan las ediciones de los periódicos y revistas, aunque esa penetración fue rápida en la aristocracia, la burguesía rica y parte del clero, fue mucho más lenta en las clases populares y sólo se hizo notar en vísperas de la Revolución Francesa.
            La cultura de los ilustrados no es universitaria. Se cultiva en otros ámbitos: academias, cafés, clubes, sociedades literarias… El “filósofo” ya no es el pensador solitario sino un hombre de mundo[1].


[1].TEJEDOR CAMPOMANES, César, ibídem, 264 y ss.

martes, 22 de enero de 2013

El león herido (1820-21). Lucerna (Suiza), del escultor danés Bertel Thorvaldsen (1770-1844)

Tumba de Rubén Darío
"El Príncipe de las Letras Castellanas"
Catedral-Basílica de la Asunción en León, Nicaragua 
 
El león herido (1820-21). Lucerna (Suiza); del escultor danés Bertel Thorvaldsen (1770-1844)
 

Mark Twain (1835-1890) dijo de esta escultura que era:
"El trozo de piedra más triste, conmovedor y contundente del mundo."

lunes, 31 de diciembre de 2012

CARITAS Madrid Campaña sin HOGAR

       

        "Un DERECHO no es lo que alguien te debe dar.
       
        Un DERECHO es lo que nadie te debe quitar."


viernes, 28 de diciembre de 2012

El espiritualismo de Schopenhauer bajo la influencia de la tradición brahmánica-budista y del cristianismo primitivo (I)



                                          “[…] a vivir hay que aprender toda la vida y, cosa                                                           que quizás te extrañe más, toda la vida hay que aprender a morir.”

                                                            (SENECA, A Paulino, Sobre la brevedad de la vida)

“[…] We are such stuff
 as dream are made on: and our little life
 is rounded with a sleep.”

                   (SHAKESPEARE,William,  The Tempest)
                         
          Esse es el mayor engaño –ponderó Critilo-. Sabe, pues, que aquel desdichado estragero es el hombre de todos, y todos somos él. Entra en este teatro de tragedias llorando; comiénçanle a cantar y encantar con falsedades; desnudo llega y desnudo sale, que nada saca después de haber servido a tan ruines amos. Recíbele aquel primer embustero, que es el Mundo, ofrézele  mucho y nada cumple, dale lo que a otros quita para volvérselo a tomar con tal presteza que lo que con una mano le presenta, con la otra se lo ausenta, y todo para nada. […] De suerte que, si bien se nota, todo cuanto hay se burla del miserable hombre: el mundo le engaña, la vida le miente, la fortuna le burla, la salud le falta, la edad se passa, el mal le da prisa, el bien se le ausenta, los años huyen, los contentos no llegan, el tiempo vuela, la vida se acaba, la muerte le coge, la sepultura le traga, la tierra le cubre, la pudrición le deshaze, el olvido le aniquila: y el que ayer fue hombre, hoy es polvo, y mañana nada. Pero ¿hasta cuándo perdidos habemos de estar, perdiendo el precioso tiempo? Volvamos ya a nuestro camino derecho, que aquí, según veo, no hay que aguardar sino un engaño tras otro engaño.”
                
                                              (GRACIÁN, Baltasar, El Criticón, I, c. 6)


1. La semiótica de la experiencia histórica de los siglos XVIII y XIX
          1.1. La filosofía y la ciencia en il siècle des lumières
            A partir de 1750, comienzan las profundas transformaciones que cambiarán el panorama de Europa. El río Elba es la frontera y el Oeste la zona más activa.
            Desde el punto de vista económico, cabe hablar de una revolución demográfica: de 120 millones en 1700, se pasó a 190 millones de habitantes en 1800.
            En 1798, se explica que Malthus publicase su famoso Ensayo sobre la población. Sigue el predominio de la economía agraria, aunque a partir de 1750 se puede hablar de revolución industrial, cuya locomotora es Gran Bretaña, aunque la industria sigue ocupando un lugar secundario en la economía real. Además, la mayoría de los estados, debido en parte a las continuas guerras, están al borde la quiebra. El alza de precios y la multiplicación de los impuestos ahogan a la mayor parte de la población.
            En este siglo surge la economía como ciencia. Hay que citar a los fisiócratas franceses (F. Quesnay, Fisiocracia, o gobierno de la naturaleza, 1768) desechan el mercantilismo y ven la tierra la principal fuente de riqueza. Estos defenderán también el liberalismo económico: el Estado no debe intervenir –laissez faire, laissez passer- porque la economía se rige por las leyes naturales –derecho natural-.
            El liberalismo económico inglés (Adam Smith, Ensayo sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones, 1776) considera el trabajo, y no la tierra, como el origen de la riqueza. Inglaterra está mucho más industrializada que Francia. El Estado solo debe intervenir para garantizar el orden y la justicia, y abstenerse en el mecanismo de las leyes económicas, tras el que se oculta la mano de la Providencia. Smith crea así el modelo de “economía política” en que se inspirará el siglo XIX. De esta forma Smith traduce loa intereses de la burguesía inglesa.
            El siglo XVIII significa la crisis de la sociedad estamental, el Ancien Règime (Antiguo Régimen). Es una sociedad jerárquica, en la que no hay igualdad ante la ley, ante los impuestos, ni para los cargos oficiales. Esta situación comienza a entrar en crisis: el absolutismo de los reyes quita poder a la aristocracia, que además se ve fuertemente presionada por la burguesía y por los deseos de emancipación del campesinado. La burguesía termina triunfando.
            El Estado adopta la forma de monarquía absoluta, que se sirve cada vez más de una amplia burocracia. Caso excepcional es la monarquía parlamentaria británica. Y al este del Elba, donde todavía persisten restos feudales (Polonia, Imperio germánico, Rusia) surge el despotismo ilustrado (Federico II el Grande, 1740-1786), Austria (José II, 1765-1790), Rusia (Catalina II la Grande, 1762-1796). Son todos países atrasados y el Estado se ve obligado a modernizar el país y doblegar a la aristocracia. Los “déspotas” se sirven de las ideas de la Ilustración, a menudo mecenas de filósofos, y justifican su poder con la intención de promover la felicidad del pueblo.
            En el orden internacional, Francia y Gran Bretaña son predominantes en Europa, al tiempo que surgen dos potencias: Prusia y Rusia.
            La guerra es la forma de resolver los conflictos, lo que hará que los ilustrados defiendan una “paz perpetua” (Kant).
            El prestigio y la economía se basa en los imperios coloniales. Francia se arruina en una guerra frente a Gran Bretaña en la que pierde sus colonias en América. Pero también Gran Bretaña pierde: en 1776 los EE.UU de América se declaran independientes, con el apoyo de Francia y España.
            En 1787 los EE.UU proclaman su propia Constitución, la primera de la historia, siendo este uno de los acontecimientos más importantes del siglo XVIII.
            Desde el punto de vista religioso, disminuyen los problemas religiosos, desaparecen las “guerras de religión” y las persecuciones decrecen. El Papado pierde influencia y las iglesias se encuentran bajo el dominio de los monarcas (“regalismo o sistema de los regalistas”). Una cierta tolerancia religiosa será difundida por los filósofos y los francmasones. En 1773, el Papa Clemente XIV tiene que ceder ante los monarcas borbones y disuelve la Compañía de Jesús por su defensa incondicional del Papado, su actividad intelectual, su poder financiero y su influjo político.
            El deísmo o la indiferencia solo penetran en las capas más cultas. Voltaire comentará: “Vivimos entre contrastes asombrosos: la razón por una parte, el fanatismo por otra. Una guerra civil en cada espíritu”.


[i]. El Elba, río de Europa Central, con una longitud de 1165 km, nace en Bohemia, pasa por Dresde y Magdeburgo y desemboca en el mar del Norte.
             El Tratado de Versalles (1919) al final de la Primera Guerra Mundial fue roto unilateralmente por el régimen Nazi en 1938, que puso el río nuevamente bajo administración de Alemania anexionando los territorios de Checoslovaquia con población de origen alemán (Sudetes). Al terminar la Segunda Guerra Mundial, Alemania vuelve a perder el dominio sobre el Elba.