1.2.
La sociedad ilustrada
La época que va
desde la revolución inglesa (1688) hasta la revolución francesa (1789), poco más
de un siglo, por todas partes, recibe el mismo nombre: Sécle des lumières, the Enlightenment, die Aufklärung, i lumi, siglo de
la luces. Luces: la metáfora por
antonomasia de la RAZÓN, lo que es tanto como decir El Siglo de la Razón. La
Ilustración: Lumières, en francés; Enlightenment,
en inglés; Illuminismo, en italiano; Aufklärung, en alemán.
Se tiene conciencia de que empieza
algo nuevo, de que la razón y la ciencia alumbran o iluminan por fin al hombre.
La nueva cultura germina en Inglaterra y se difunde por toda Europa gracias a
los franceses, cuya lengua se convierte en la lengua culta por excelencia.
El siglo XVIII no fue una “edad de
oro” del arte ni de la literatura, pero si de gran actividad. La música produjo
verdaderos genios: Bach, Händel, Mozart…
En poesía, a final de siglo aparece Goethe.
La novela subraya la sátira social: François
Fénelon (Aventuras de Telémaco), Johathan Swift (Los viajes de Gulliver), Daniel
Defoe (Robinson Crusoe).
La ciencia tampoco presenta grandes
talentos: en astronomía, Laplace; en
matemáticas, Euler; en física, la
invención del termómetro: Fahrenheit,
Reamur y Celsius, y del pararrayos, Flanklin.
Mariotte y Gay-Lussac estudiaron los
gases; Galvani y Volta, la
electricidad; Coulomb, el magnetismo…Las
ciencias naturales progresaron gracias a Linneo
y Buffon. La embriología hará posible
que se formalicen los primeros atisbos de la teoría de la evolución. Y la
ciencia aún no se ha independizado totalmente del planteamiento religioso,
filosófico, o incluso de prejuicios “animistas”, como por ejemplo Linneo quien defenderá la idea de que
los minerales crecen “bajo la tierra”.
El ilustrado siempre forma parte de
una élite intelectual; es un pensador, un escritor y domina la retórica. La
época de la Ilustración nos recuerda mucho a la época de los sofistas griegos o
a la de los humanistas renacentistas. De philosophes
se aplicó a Montesquieu, Voltaire, al
naturalista francés Georges Louis Leclerc,
Conde de Buffon (1707-1788), etc. y
de Francia pasa a otros lares designando a personajes tan diferentes como Franklin, Beccaria, Hume y Adam Smith, Kant y Goethe….algunos se llaman a sí mismos “librepensadores”
(Inglaterra). Muchos son francmasones. Todos son inconformistas del presente.
Ejercen una crítica universal. “Es preciso examinarlo todo, revisarlo todo, sin
excepción ni miramiento” (Diderot). Atacan
cualquier forma de superstición, fanatismo u opresión intelectual, social o
política. Todo dogma ha de ser destruido: la razón no debe encontrar más
límites que los suyos propios. Creen en el progreso de la humanidad gracias al
desarrollo de la razón. Una constante inquietud les domina. A pesar de su
elitismo y su ideología burguesa ejercen una función propagandística, de
“publicistas” porque la cultura ha de llegar a todos. De ahí su interés por la
pedagogía y su afán de claridad, siguiendo el ejemplo de Lock. ¿Inmoralistas? No; ¿ateos? Sólo algunos. ¿Anticlericales?
Casi todos.
Las ideas de la ilustración lo
penetran todo. Los filósofos están en las cortes e inspiran a los reyes o
gobernantes. Sus obras se difunden rápidamente. Aparecen Enciclopedias y Diccionarios
y aumentan las ediciones de los periódicos y revistas, aunque esa penetración
fue rápida en la aristocracia, la burguesía rica y parte del clero, fue mucho
más lenta en las clases populares y sólo se hizo notar en vísperas de la
Revolución Francesa.
La cultura de los ilustrados no es
universitaria. Se cultiva en otros ámbitos: academias, cafés, clubes,
sociedades literarias… El “filósofo” ya no es el pensador solitario sino un
hombre de mundo[1].
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