La filosofía en el siglo XIX
Contexto político y sociocultural
El
siglo XIX es el “siglo de las revoluciones” debido al hundimiento del Áncien Régime, los cambios económicos y
sociales a causa de la revolución industrial.
En
Europa parecen las clases sociales; la sociedad estamental ha desaparecido.
Sale triunfante la burguesía capitalista e industrial; junto a ella aparece el
proletariado en condiciones de vida deplorables que irá tomando conciencia poco
a poco de su miseria y marginación. El aumento de las industrias hace que las
ciudades crezcan por la necesidad constante de mano de obra. Junto a ellas,
surgen las clases medias por el desarrollo del sector terciario (maestros,
médicos, funcionarios…).
La
Revolución Francesa y las conquistas
napoleónicas golpean el continente. El Congreso
de Viena (1815) aparece como el triunfo de la Restauración bajo la vigilancia de la Santa Alianza y la recomposición del
mapa político de Europa, al tiempo que las monarquías tienen que ceder a las
presiones liberales.
Sin
embargo la inestabilidad se pone de manifiesto con las revoluciones -1830, 1848,1871-
que estallan en Francia y se extienden por toda Europa. Las fuerzas enfrentadas
son, por un lado el liberalismo, los movimientos democráticos, el socialismo y
el anarquismo, y por el otro, el tradicionalismo, la iglesia católica y la
misma burguesía conservadora.
Junto
a todos aquellos impulsos, un nuevo movimiento surge en todo el continente
europeo: el nacionalismo que a finales del siglo desemboca en el Imperialismo. El nacionalismo decimonónico suscitará la mayoría de las guerras y
será una de las causas principales de las transformaciones en el continente. La
Revolución francesa había proclamado la soberanía de la nación y aunque el
“principio de las nacionalidades” es contenido por el Congreso de Viena, a mediados del siglo las colonias españolas en
América ya eran independientes, y el Imperio turco comienza a desgajarse
(Grecia, 1829; luego, Rumanía y Bulgaria). Más tarde se producen las
unificaciones de Italia (1861) y Alemania (1871, obra de Bismark).
El
nacionalismo no adopta una forma
uniforme porque se inspira en variopintas ideologías y filosofías: el idealismo alemán (Fichte), el romanticismo, el liberalismo, el
tradicionalismo… únicamente el
socialismo reniega de este movimiento por su tendencia al
internacionalismo. En su origen, el nacionalismo
es especialmente liberal y democrático, más tarde será contaminado por el tradicionalismo y su defensa a
ultranza de conceptos como historia, patria, tradición nacional, lengua,
religión… a la postre virará hacia el Imperialismo.
El
Imperialismo supondrá la expansión
colonialista de Inglaterra, Francia, Alemania, Italia, EE.UU. de América y
Japón, y la desaparición de los imperios español y chino. La Inglaterra
victoriana (1837-1901) se alza en la primera potencia mundial con el gobierno
del partido conservador (Disraelí). De pangermanismo
se viste el nacionalismo alemán
adoptando una actitud cada vez más agresiva y avasalladora. Todos los estados
imperialistas pregonan su alta misión civilizadora en el mundo inspirada y
dirigida por Dios. Años después estallará la Primera Guerra Mundial, a penas iniciado el siglo XX.
Desde
el punto de vista cultural, en el siglo XIX la Universidad vuelve a recuperarse
como el alma de la cultura, sobre todo en Alemania y Francia. Se luchará contra
el analfabetismo, la obligatoriedad de la enseñanza primaria y la difusión de
periódicos y revistas.
Romanticismo y Positivismo
El
Romanticismo triunfará como reacción
contra la Ilustración, y el Positivismo surgirá, a su vez, como
reacción contra el Romanticismo.
El
Romanticismo es algo más que un
movimiento estético; se trata de una cosmovisión nueva del mundo y de la vida.
A finales del XVIII encontramos prerrománticos en Inglaterra, Francia
(Rousseau) y Alemania (Strurm und Drang,
Tempestad e Ímpetu, Goethe).
En realidad, el Romanticismo se
inicia en Alemania muy influenciado por el idealismo;
más tarde se expande por toda Europa. Al principio fue un movimiento
conservador (Chateaubriand, Manzoni); a partir de 1830 se proclama liberal:
Inglaterra (Byron), Francia (Hugo), Italia (Leopardi), España (Espronceda),
Alemania (Heine), Rusia (Pushkin). El
triunfo del Romanticismo se solapa
con los impulsos revolucionarios (liberal y nacional).
El
Romanticismo se caracteriza, frente a
la Ilustración, por los siguientes
aspectos:
1º. Sitúa lo irracional, contra el
racionalismo ilustrado, como la vía de acceso a la realidad: el sentimiento, las
pasiones (amor, sufrimiento, odio), la imaginación, la intuición. Se
exaltan los sentimientos religiosos, patrióticos y los inspirados en la
naturaleza (el paisaje alcanza gran interés). Cobran relieve las ideas de
libertad e igualdad. No desaparece el concepto de “razón”;
se trata de una nueva racionalidad: la Razón adopta la forma de un poder
infinito, un Espíritu Absoluto que
trasciende la pura racionalidad humana.
2º.
Se tiene como un tesoro la excelencia de la imaginación y la fantasía frente al
racionalismo clasicista de los ilustrados, recreando mundos pasados
(fundamentalmente, la Edad Media) o exóticos (Norte de África y Oriente). Se aprecia también lo individual, lo concreto, lo popular
frente a la universalidad abstracta ilustrada. Triunfa el subjetivismo,
ponderándose el individuo y la nación. Individualismo y nación no aparecen como
ideas antitéticas, antes bien, el espíritu del pueblo (volksgeist) radica en los individuos, sobre todo en los más
excelentes (culto al héroe).
3º. La Naturaleza se valora como algo vivo y orgánico que
está haciéndose constantemente, frente a la visión
mecanicista de esa misma Naturaleza en la Ilustración. No olvidemos que la
filosofía cartesiana influyó en todos los campos del conocimiento humano. Una
de esas consecuencias es la visión del universo y de los seres vivos como
mecanismos (el paradigma mecanicista
defendido por Descartes y Newton). Ahora el reloj se
abandona como icono, como símbolo y surge la figura del árbol. El
instinto frente a la razón y las situaciones límite frente al equilibrio y la
armonía serán las pautas de conducta de muchos románticos.
4º.
Se produce una exaltación de la Historia y de la tradición, en lugar de la
subestimar el pasado como hicieron muchos ilustrados. Brota una pasión
desmedida por la Edad Medía, por la Antigüedad greco-latina, por la tradición
brahmánico-budista y por todo lo primitivo y las “raíces” populares o
nacionales.
5º.
Aparece el concepto de verdad como creación humana, alejándose de la concepción
abstracta de la verdad en la Ilustración.
El “yo” y el subjetivismo serán la fuente de la originalidad; la imaginación,
principio de error de los ilustrados, recobra un inmenso valor, y, por tanto,
la libertad del hombre y del artista pasa a primer término. El hombre
romántico, que se rebela contra los límites y lo finito, ansía la libertad, la
infinitud, lo absoluto.
Prometeo se transforma en el icono por
excelencia del Romanticismo. Aquél
titán de la mitología e iconografía clásica, por haber robado el fuego a Zeus que se lo había ocultado a los hombres, es
condenado a ser encadenado en una roca del Cáucaso, donde cada día un águila
irá a roerle el hígado y las vísceras. Prometeo,
como rebelde y justo doliente, adquiere
la simbología de mártir contra la tiraría de Zeus e implica una prefiguración
de todos los rebeldes de la literatura occidental posterior. Por esta razón, Prometeo, en el Romanticismo (Shelley), alcanza una gran popularidad y no en vano
es el héroe sin rival del romanticismo inglés.
Por
otro lado, el Positivismo surge
cuando el Romanticismo declina hacia
la segunda mitad del siglo. Su tendencia intelectual es fundamentarse en los
hechos y en la ciencia. Coincidirá con el triunfo del Realismo: Stendhal, Balzac, Zola (naturalismo), Dickens, Tolstoy, Dostoievski, los pintores
impresionistas (Manet, Renoir…).
El hecho de que aparezcan nuevas
ciencias hacen que la Filosofía se desvalorice hasta el punto que muchos
pensarán que la ciencia se convertirá con el tiempo en la única guía del
hombre: no había más razón que la que la razón científica.
La influencia de la nueva
metodología científica en la Filosofía, que hasta estas fechas solo había
tenido en cuenta el modelo de la ciencia físico-matemática, será enorme. Como
ejemplos basta citar algunos descubrimientos en Física: teoría ondulatoria de
la luz (del francés Aguste Jean Fresnel, 1815), el descubrimiento de la
inducción electromagnética de Michael Faraday (1831-1833), rayos X (el físico Wilhelm Conrad Röntgen, 1895), teoría cuántica (Max
Karl Ernst Ludwig Planck –1858/1947-, premiado con el Nobel y considerado el
creador de la teoría cuántica), teoría de la relatividad (Einstein, 1905),
modelo del átomo (Rutherford, 1911 y Bohr, 1913), etc.
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