1.3.
Filosofía de la Ilustración
Cassirer,
en 1932, ya un clásico, escribía una Filosofía
de la ilustración y en ella señalaba que una historia de la filosofía de la
Ilustración debía ser más una
historia de las ideas generales de la época y de los libros de los filósofos
que las crearon.
Pero aquí es necesario trazar un
breve panorama geográfico que nos permita situar a los principales autores.
Veamos:
INGLATERRA
Los
empiristas y Newton. John Locke (1632-1704) e Isaac Newton (1642-1727) son los
“padres” de la Ilustración: el empirismo y el método analítico serán aceptados
por casi todos los filósofos del siglo XVIII. El último de los empiristas, David Hume (1711-1776) es un autor más
tardío, y su escepticismo provocará la crisis de la Ilustración inglesa.
El deísmo representa el intento de fundar o restituir una religión
“natural”, es decir, racional, cuyo iniciador es Cherbury (+ 1648), y continúa con Lock. También están los “librepensadores” que reivindican el
derecho a la libertad de pensamiento en materia religiosa, así como la
tolerancia, y compuso la obra clave del deísmo inglés: Cristianismo sin misterios. Los deístas
no eran anticristianos, sino antidogmáticos, y pretendían reducir el
cristianismo a la religión racional.
Los moralistas ingleses intentan
fundamentar la moral al margen de la religión. Buscan su base en el sentimiento,
o en el “sentido moral” particular y no en la razón. Así la moral pasa del
campo de la teología, o la metafísica, al campo de la psicología.
Hobbes
inicia el camino, pero se refirió a los instintos egoístas del hombre como raíz
de los juicios morales. Los moralistas siguientes no quisieron seguirle y se
ocuparon de los instintos naturales altruistas en constante lucha contra los
instintos egoístas. A estos últimos se les considera eudemonistas porque hacen coincidir la virtud con la felicidad: Shaftesbury (+ 1713), B. Mandeville (+ 1733), el propio Hume, Adam Smith (+ 1790)…
La
psicología asociacionista. La concepción mecánica del Universo de Newton fue traducida muy pronto al campo
de la psicología. Su principal representante es el médico David Hartley (+ 1757) que estableció un estricto paralelismo entre
los procesos psicológicos y los fisiológicos (vibraciones del cerebro): la
actividad psíquica se reduce a asociaciones de sensaciones, similar a la
gravitación planetaria de Newton.
La
escuela escocesa. Representa una fuente reacción, segunda mitad del siglo
XVIII, contra el empirismo de Locke y Hume, y enlaza con los
moralistas inglés, recogiendo de ellos la idea de un orden armonioso y
providencial del cosmos. Por ejemplo, a Adam
Smith esto le permite justificar el libre juego de las tendencias
económicas; el moralista y economista en su Teoría
de los sentimientos morales (1759) defiende que Dios ha establecido un
admirable orden en el mundo, una verdadera armonía, que hace que los hombres,
al seguir su propio egoísmo, no hace sino colaborar a la felicidad de todos.
Egoísmo y altruismo coinciden en el fondo. Esta especie de “armonía preestablecida” (Leibniz,
1646-1716) de los egoísmos altruismos es lo que permite a Smith fundamentar su liberalismo económico.
Smith
también defendió la existencia de un “sentido” o instinto innato en el hombre.
Contra el innatismo de este “sentido” había luchado Locke, y no solo contra las ideas innatas de los cartesianos.
La
escuela escocesa, cuyo principal representante es Thomas Reid (+1796), gozó de gran aceptación. Con ella se agotó en
Gran Bretaña la energía creativa, pero la influencia de los grandes pensadores
ingleses posibilitó un poderoso movimiento intelectual en Francia.
FRANCIA
La ilustración francesa se inspiró
en los escritores ingleses, e incluso en el modelo social británico. Voltaire difundió en Francia el
pensamiento de Locke, Newton, Shaterbury y los deístas. Newton se convirtió en la gran autoridad científica entre los
franceses. Y Montesquieu adoptó las
ideas políticas de Locke. La
originalidad de la ilustración francesa fue añadir a aquellas ideas británicas
el tema de la historia, además de reelaborar todas las doctrinas. Descartes seguirá vivo en la mente de
todos, pero se reconocerá que había sido superado por Newton.
Las circunstancias sociopolíticas de
Francia eran distintas: monarquía absoluta, aristocracia que se aferraba a sus
derechos, e intolerancia en todos los terrenos culturales, la influencia de la
iglesia católica y la bancarrota económica con empobrecimiento del pueblo. De
ahí que los ilustrados franceses fueran más críticos y agresivos y también más
brillantes que los ingleses, esforzándose por dar mayor difusión a sus ideas y
fueron los filósofos franceses los que extendieron las ideas ilustradas por
toda Europa.
La ilustración francesa comienza con
Pierre Bayle
(1647-1706) fundador de la crítica histórica; mantiene una postura escéptica
(siguiendo a Montaigne) y considera
que la fe es básicamente irracional frente a la razón. Como Bayle era creyente, se le considera
representante de la doctrina de la “doble verdad”; no podía aceptar el deísmo o religión racional, pero expresa
bien que la filosofía había roto ya con la religión.
En el siglo XVIII, con independencia
de las rivalidades políticas, se estable una relación cultural fecunda entre
Inglaterra y Francia. Junto a la nueva actitud intelectual, se transmite
también de Descartes, Newton y Locke
una fe invencible en la razón y el derecho natural, y además una confianza
absoluta en la experiencia y los sentidos. Todos
los intelectuales mostrarán su inspiración en el método científico basado en la
investigación empírica. En salones, cafés y bibliotecas ya no sólo se habla de
arte y letras, sino también de matemáticas, álgebra, astronomía y física.
La crítica se valora como una forma refinada
de la razón y el método se aplica a la Historia (el monje Jean Mabillón, fundador de de dos disciplinas auxiliares de la
Historia: la diplomática y la paleografía, 1632-1707), a la religión y a los
textos bíblicos (Richard Simón,
1638-1722), a las Leyes (Montesquieu),
a la sociedad, los gobiernos y la educación (Rousseau), a la literatura y la estilística (Diderot, Voltaire y Buffon ), a la Teoría del conocimiento o Epistemología
(el abate Condillac, en su Tratado de las Sensaciones, 1754). Todo
esto culminará en la Enciclopedia
(1750-1772), obra colectiva de divulgación en la que colaboran la mayor parte
de los intelectuales de la época.
Al fundamentarse en la razón como única garantía de verdad y en la evidencia, los argumentos filosóficos destruirán los dogmas, las tradiciones y la metafísica. El filósofo y escritor francés Pierre Bayle (Dictionnaire historique y critique), considerado la primera gran figura de la ilustración, censura además la autoridad y legitima el libre examen y la libertad de pensamiento, amén de buscar la verdad en el mundo físico, tratando de aniquilar los “prejuicios” que “oscurecían” el conocimiento de las cosas al aplicar la razón y la naturaleza a las realidades inmediatas materiales, morales, políticas y sociales. De este modo la crítica del Siglo de las Luces desprestigiará la autoridad de las instituciones más vulnerables, dando lugar a un movimiento materialista, que en unos casos será deísta y en otros ateos.
Al fundamentarse en la razón como única garantía de verdad y en la evidencia, los argumentos filosóficos destruirán los dogmas, las tradiciones y la metafísica. El filósofo y escritor francés Pierre Bayle (Dictionnaire historique y critique), considerado la primera gran figura de la ilustración, censura además la autoridad y legitima el libre examen y la libertad de pensamiento, amén de buscar la verdad en el mundo físico, tratando de aniquilar los “prejuicios” que “oscurecían” el conocimiento de las cosas al aplicar la razón y la naturaleza a las realidades inmediatas materiales, morales, políticas y sociales. De este modo la crítica del Siglo de las Luces desprestigiará la autoridad de las instituciones más vulnerables, dando lugar a un movimiento materialista, que en unos casos será deísta y en otros ateos.
El hombre forma parte de la
naturaleza física y material de la que ha surgido, por lo que se convierte en
objeto de observación y experimentación: progreso de la medicina, la fisiología
y la observación clínica por medio del análisis de caracteres, fundamentado en
lo físico (Jean de La Bruyère ), que
conducirá a la idea de que la moral depende de la constitución física.
Este materialismo, cuyo
representante más significativo es D´Holbach
(Sistema de la Naturaleza, 1770)
afirma que el hombre está condicionado por el determinismo natural y que la
naturaleza crea y transforma según sus propias leyes. Junto al análisis de los
caracteres, aparece también el de las costumbres por medio del estudio de los
comportamientos que tratará de perfilar la naturaleza del hombre caracterizada
por el instinto de conservación y la búsqueda de la felicidad.
De estos planteamientos, aparece la
moral nueva, epicúrea, que rechaza el heroísmo y el ascetismo, y en la que el
hombre se deja arrastrar por la pasión. La felicidad consiste en el placer, y
este nos viene directamente de la Providencia; en consecuencia, ceder al placer
no es ofender al Creador, sino co-participar de sus planes y colaborar a la
armonía universal. La distinción entre vicio y virtud queda marcada en la oposición
entre lo agradable y lo desagradable. Las acciones humanas están guiadas por el
amor propio y la búsqueda del propio interés, deduciéndose de ahí que toda
organización humana (sociedades) es solo el producto del esfuerzo de la razón
del hombre por conseguir la felicidad.
De estas teorías se llega a la
conclusión de que toda organización y sus gobiernos no tienen origen divino y
se deben justificar o no en la medida en que contribuyen a la felicidad humana.
Así se infiere la necesidad de un contrato social y los cambios y
transformaciones de la sociedad francesa para que no se permita la existencia
de tantas miserias y tantas desdichas. Estas ideas fueron defendidas por el
abate de Saint-Pierre, Chales-Irénée Castel, y, de él, pasarán
a la obra de Rousseau.
Para todos los filósofos, de la difusión de las ideas filosóficas en la sociedad dependerá la mejora de la condición humana, porque la ignorancia es la causa principal de la esclavitud. Por eso hay que luchar contra uno de los principales obstáculos: las religiones reveladas, el cristianismo en particular, y la iglesia católica en especial.
La actitud religiosa cristalizará en dos posturas principalmente:
Para todos los filósofos, de la difusión de las ideas filosóficas en la sociedad dependerá la mejora de la condición humana, porque la ignorancia es la causa principal de la esclavitud. Por eso hay que luchar contra uno de los principales obstáculos: las religiones reveladas, el cristianismo en particular, y la iglesia católica en especial.
La actitud religiosa cristalizará en dos posturas principalmente:
1ª.) Los deístas: Deísmo,
filosofía religiosa racionalista que prosperó en los siglos XVII y XVIII, de
forma muy acusada en Inglaterra. Los deístas mantenían que un cierto tipo de
conocimiento religioso (a veces llamada religión natural) es o inherente a cada
persona o resulta accesible a través del ejercicio de la razón, pero negaban la
validez de las afirmaciones basadas en la revelación o en las enseñanzas
específicas de cualquier credo.
El deísmo había surgido como corriente de pensamiento en Inglaterra.
Los deístas más destacados del siglo XVII fueron Edward Herbert, John Toland y Charles
Blount: todos ellos defendían una religión racionalista y criticaban los
elementos supranaturales o irracionales de las tradiciones judías y cristianas.
A principios del siglo XVIII, Anthony
Collins, Thomas Chubb y Matthew
Tindal radicalizaron el ataque racionalista sobre la ortodoxia intentando
desacreditar los milagros y misterios de la Biblia.
Aunque estos desafíos a las interpretaciones tradicional y ortodoxa del cristianismo provocaron general desaprobación, los deístas colaboraron mucho en configurar el clima intelectual de Europa en el siglo XVIII. Su énfasis en la razón y su oposición al fanatismo y la intolerancia influyeron de manera notable en los filósofos británicos John Locke y David Hume. En Francia, Voltaire llegó a ser un verdadero defensor del deísmo e intensificó la crítica racionalista de sus predecesores a las Escrituras. Sin embargo, mantuvo la opinión de los deístas británicos de que existe una divinidad. Otras versiones del deísmo, algunas de ellas próximas al ateísmo, fueron defendidas por varias personalidades destacadas del Siglo de las Luces.
Aunque estos desafíos a las interpretaciones tradicional y ortodoxa del cristianismo provocaron general desaprobación, los deístas colaboraron mucho en configurar el clima intelectual de Europa en el siglo XVIII. Su énfasis en la razón y su oposición al fanatismo y la intolerancia influyeron de manera notable en los filósofos británicos John Locke y David Hume. En Francia, Voltaire llegó a ser un verdadero defensor del deísmo e intensificó la crítica racionalista de sus predecesores a las Escrituras. Sin embargo, mantuvo la opinión de los deístas británicos de que existe una divinidad. Otras versiones del deísmo, algunas de ellas próximas al ateísmo, fueron defendidas por varias personalidades destacadas del Siglo de las Luces.
2ª.) Los ateos, cuyo máximo representante en el XVIII es Nicolas Boindin y que influyó
profundamente en los enciclopedistas.
Todos ellos coincidirán en defender
la tolerancia religiosa e intelectual de los hombres. En la segunda mitad del
siglo se produce una reacción contra la filosofía
materialista, cuyo principal representante es Rousseau, quien, en lugar de fundamentarse en la razón, lo hace en
el sentimiento. Esto provocará una lucha abierta entre sentimentalismo y materialismo, que quedó reflejada en la novela
del momento.
Por otro lado, el deísmo echó sus raíces en Francia con Voltaire (1694-1778), que no era ateo:
“Si Dios no existiera, sería necesario inventarlo; pero la Naturaleza entera nos
grita que existe”. El orden del mundo nos demuestra la existencia de Dios. Fue
terriblemente crítico con Leibniz por
eso, solo la ingenuidad de Cándido
podría creer que “éste es el mejor de los mundos”, y sobre todo, que el orden
del mundo presuponga que todo está orientado a favor del hombre. Esta última
es, quizás, la tesis de Voltaire. No
se le puede calificar como estrictamente materialista, aunque duda
positivamente de la inmortalidad del alma, y admite la posibilidad de que sea
la materia la que piense, como ya había sugerido Locke.
Los
naturalistas defenderán una concepción no materialista de la realidad, por
más que vida y conciencia sean concebidas como propiedades de la materia; sus
representantes más destacados son el filósofo, matemático y astrónomo francés Moreau de Maupartius (1698-1759) y el
filósofo naturalista, y uno de los continuadores de la Enciclopedia de Diderot,
Jean-Baptiste-René Robinet (1735-1820).
Una concepción
estrictamente materialista del hombre se encuentra en Julian Offray de La Mettrie (1709-1751), quien en El hombre Máquina (1748) no hace sino
trasladar al hombre entero la concepción cartesiana del cuerpo animal: el
hombre es una pura máquina, y toda actividad psíquica es producida por ese
reloj complejísimo que es la máquina del cuerpo. Lo mismo que en d´Holbanch (1723-1789), el materialismo
posee, además, una dimensión ética y política: se considera un instrumento de
la liberación del hombre y su ateísmo explícito le lleva a pensar que el
materialismo puede salvar al hombre de los sometimientos que pretenden
encontrar en la religión o en la moral espiritualista.
Los moralistas, fundados en La Mettrie y Holbach, cuyo máximo
representante es Claudio Adriano
Helvetius, consideran que la virtud es una especie de egoísmo que rige la
conducta moral del hombre. Y la sociedad llama “virtud” a aquello que es útil a
la colectividad. Se trata, pues, de una moral naturalista, que sigue en parte a
los análisis psicológicos inspirados en los moralistas ingleses y que recupera,
en muchos aspectos, la moral epicúrea, pues hunde sus raíces en la búsqueda de
la felicidad. Aquí la ética se ha desprendido absolutamente de la religión y
recurre, especialmente, al concepto de “naturaleza humana”, uno de los
conceptos claves de la ilustración, tratando de descubrir en las “leyes
naturales” las propias leyes morales.
La idea de progreso aparece como
recurrente en los ilustrados franceses: Turgot
(+1781), Condorcet (1743-1794), Montesquieu (1689-1755), Rousseau (1712-1778), y en los
enciclopedistas: Diderot (1713-1784)
y d´Alembert (1717-1783).
Como caso curioso señalamos aquí el
hecho de que la novela libertina
evolucionará cargándose de un espíritu negativo, como las obras de Mirabeu, a las de costumbres galantes de
Jean Baptiste Louvet de Couvray
(1760-1797), dirigidas a un público de aristócratas. La aristocracia reaccionó
con la afirmación de sus privilegios, haciendo del egoísmo su ley, ante la
mente racionalista, practica y de corazón sensible de la potencia creciente de
la burguesía, que conciliaba virtud y vicio.
Amarrados a sus derechos y su existencia, aquellos individuos que por nacimiento se creían diferentes del resto de los hombres soñaron con utilizar las fuerzas de liberación material y espiritual para destruir a quienes las habían creado y las dirigieron contra ellos. Desnaturalizaron y distorsionaron la filosofía de la Ilustración. El libertino de fin siglo aspira a un poder absoluto para ejercer una maldad absoluta.
Amarrados a sus derechos y su existencia, aquellos individuos que por nacimiento se creían diferentes del resto de los hombres soñaron con utilizar las fuerzas de liberación material y espiritual para destruir a quienes las habían creado y las dirigieron contra ellos. Desnaturalizaron y distorsionaron la filosofía de la Ilustración. El libertino de fin siglo aspira a un poder absoluto para ejercer una maldad absoluta.
Como máximo representante de esta
corriente aparece Donatien Alphonse
François, Marqués de Sade,
célebre escritor francés de novelas, obras de teatro y tratados filosóficos,
muy conocido por sus obras eróticas y pornográficas, prohibidas durante mucho
tiempo, se desenvuelve durante una etapa especialmente agitada de la historia
de Francia: los reinos de Luis XV y Luis XVI, la Revolución Francesa y el
Imperio de Napoleón. Es un periodo de transición entre una sociedad del Antiguo
Régimen, con la destrucción del sistema de producción feudal, a los principios
teóricos de la igualdad económica y civil. En muchos de sus escritos, como Justina o Los infortunios de la virtud (1791),
Julieta o Las prosperidades del vicio
(1796), Las ciento veinte jornadas de
Sodoma o la escuela de libertinaje, publicada póstumamente, (Pasolini la
llevó al cine en Las 120 jornadas de
Sodoma) y La filosofía en el Tocador
(1795), Sade describe con gran detalle sus excesivas e inhumanas prácticas
sexuales. En psiquiatría se acuñó el término sadismo para denominar el tipo de
neurosis que consiste en obtener placer sexual infligiendo dolor a otros. Su
filosofía aceptaba como naturales tanto los actos criminales como las
desviaciones sexuales.
Sus obras fueron calificadas de
obscenas y los censores han intentado enmudecerlo, lo que acaso haya contribuido
a convertirse en cómplices de su inmortalidad. Su persecución ha perdurado
hasta bien entrado el siglo XX, estando prohibida su publicación al adentrarse
en las perversiones hasta extremos nunca imaginados. Encarcelado en Vincennes,
pasó seis años en esta prisión, después se le trasladó a la Bastilla y en 1789
al hospital psiquiátrico de Charenton. Abandonó el hospital en 1790 pero fue
detenido otra vez en 1801. Rodó de prisión en prisión y en 1803 ingresó otra
vez en Charenton, donde murió en 1814.
Este inmoralismo, que se enmascara
como resultado lógico de las ideas defendidas por Le Mattie, Helvétius,
D´Holbach o Diderot, a penas es una caricatura deformante de las ideas
ilustradas como evidencian los caracteres no sólo de los personajes del Marqués de Sade, sino también los de
algunos de Nicolas Edme Restif de La
Bretonne y Anna Ninon de Laclos o
el Wathek (1786) de la novela gótica
de William Beckford (1760-1844),
escrita originariamente en francés. Este libertinaje se manifiesta en la prosa
literaria al hacer que la maldad humana se vuelva monstruosa, asunto al que se
asocian los temas del erotismo y con frecuencia el de la magia.
ALEMANIA
La Ilustración alemana es menos
original y menos influyente. Sin embargo, allí surge el mayor filósofo del siglo:
Immanuel Kant (Königsberg, Prusia,
1729-ibídem, 1804).
Federico II de Prusia (gobierna
entre 1740-1786), llamado el “filósofo de Sans
Souci (Postdam)”, uno de los mayores exponentes del despotismo ilustrado, gran
amigo de Voltaire, facilitó la
introducción de las ideas ilustradas de Francia e Inglaterra.
Con todo, Immanuel Kant es el filósofo fundamental. Aquí se pueden citar
algunos autores que implican una transición al Romanticismo: J.J. Hamann
(+1788), F.E. Jacobi (+1819) y, sobre
todo, el filósofo, teólogo y crítico literario Johann Gottfried von Herder (1733-1803) cuyas obras contribuyeron a
la aparición del romanticismo alemán;
como instigador del movimiento conocido como Sturm und Drang ("Tormenta e impulso"), la vertiente alemana del Prerromanticismo
europeo, inspiró a muchos escritores, entre ellos, y muy especialmente, al
joven Johann Wolfgang von Goethe. Herder escribió
el libro Ideas sobre la filosofía de la
historia de la humanidad (1784 y ss.), mostrando hasta qué punto el
pensamiento alemán se iba orientando hacia los problemas de la Historia.
ITALIA
Aquí cabe destacar al profesor e historiador del Rey Juan Bautista
Vico (1688-1777); para Vico, el criterio
de verdad
es lo producido o lo causado: “verum est
factum” (la verdad como resultado del
hacer). El hombre sería, en su mundo,
una figura análoga a Dios, en tanto que sus verdades las “crea” él. Este mundo de la
verdad es el mundo ideal, donde el hombre produce su objeto, como en las
Matemáticas, la Metafísica y la Filosofía de la Historia.
Así, Dios y la Humanidad son los grandes objetos del saber:
de la Religión y el Derecho,
respectivamente. Vico postuló una Filosofía
de la Historia fundada en la naturaleza común de las naciones, dentro de un plan
providencialista, dentro de un esquema cíclico: etapa divina, heroica y humana,
donde impera la civilización. Esto le lleva a desechar el Cogito
cartesiano como individualista y a unir la teoría
con la praxis.
Y también, a César Beccaria, Marqués de Beccaria (Milán,
1738-1794) que tanto influyó su libro titulado De los delitos y las penas en la aplicación al Derecho penal; esa
obra fue muy apreciada en toda Europa y acogida con entusiasmo por los
enciclopedistas franceses. En ese breve escrito se deja sentir el impulso de
los ideales de la Ilustración: su ataque a la práctica de la tortura y a la
pena de muerte, y su opción por la moderación y racionalidad en las penas,
refleja un nuevo humanitarismo.
ESPAÑA
La Ilustración apenas tuvo arraigo en
España y se inscribe en el marco general de la Ilustración europea: espíritu
crítico, fe en la razón, confianza en la ciencia, afán didáctico. Las fuentes
son esencialmente francesas e italianas. Los ilustrados españoles fueron una
minoría culta formada por nobles, funcionarios, burgueses y clérigos. Se
preocuparon por las reformas, el desarrollo de la economía y la mejora del sistema educativo indagando
sobre las ciencias útiles; su crítica social fue moderada, y muestran interés
por las nuevas ideas políticas liberales, aunque, en su mayor parte, no
apoyaron planteamientos revolucionarios.
Su afán reformista les llevó a
chocar con la Iglesia y la mayor parte de la aristocracia. Pese a los afanes
ilustrados, la mayoría del país siguió apegada a los valores tradicionales.
Entre los ilustrados españoles destacaremos a Benito Jerónimo Feijoo (+1764) cuya
obra se centro en la divulgación de la ciencia de Newton y en la crítica a los
prejuicios tradicionales y las supersticiones (Teatro Crítico,
1726) y a Gaspar Melchor de Jovellanos (+1811). Los escritos de Campomanes,
Jovellanos y otros nos muestran la síntesis de las teorías económicas de la
fisiocracia y del liberalismo económico. De ahí que surgieran las Reales Sociedades Económicas de Amigos del
País, preocupadas por la divulgación de las ciencias útiles y el despertar
económico.
En general se puede afirmar que los
ilustrados tienen conciencia de que se está produciendo una transformación de
las ideas, especialmente gracias a Locke
y Newton. Aparece una nueva forma de racionalidad y una nueva concepción de
la Naturaleza con lo que brota una nueva y renovada confianza en el progreso.
La Ilustración crea un modelo de racionalidad, en contraste con la
racionalidad cartesiana. El cartesianismo tenía como modelo la razón
matemático-geométrica, es decir, la razón sintética, deductiva (a partir de
principios generales considerados como “ideas innatas”) y sistemática, en el
sentido de que constituye “sistemas” omnicomprensivos. La Ilustración rechazará el cartesianismo y propone otro sistema: la
razón empírica y analítica. Los inspiradores son Locke y Newton.
Se trata, pues, de partir de la
experiencia: La sensación es el origen de todo conocimiento (sensismo); no poseemos primeros
principios y primeras verdades innatas de los que pueda deducirse todo. Se
trata, pues de una nueva lógica: no es la lógica de los “principios” sólo, sino
“la lógica de los hechos”. Los “principios” sólo se encuentran paradójicamente
al final, después de una difícil labor de experimentación con los hechos. Newton había procedido así al preconizar
el método experimental, y al negarse a “fingir hipótesis”. Se debe comenzar por
la desarticulación exacta del fenómeno conocido, esto es, observar los objetos
uno por uno, analizarlos y luego relacionarlos entre sí.
El método analítico se aplica a
todos los campos: el filósofo y economista francés, perteneciente a la segunda
ilustración, Étienne Bonnot Condillac
lo aplica a la psicología y describe la sensación como el último componente de
los contenidos psíquicos; Montesquieu,
al estudio de la sociedad y el Estado; el filósofo Claude-Adrien Helvetius,
a la moral.
La actitud crítica, la razón
crítica, es una característica común a todos los ilustrados. Está presente en
los empiristas, sobre todo en Hume, y
culminará en la Crítica de la razón pura
de Kant que dividirá en tres partes.
El análisis es, precisamente, el instrumento de la crítica que se ejercita en
todos los campos, incluida la razón tratando de determinar los límites de la
capacidad de conocimiento del hombre. Los racionalistas habían aceptado
dogmáticamente el poder ilimitado de la razón. Serán los empiristas los que
desvincularán a la razón de todo contenido trascendente (ideas innatas,
iluminación divina), reduciéndola a su propia naturaleza y a los límites de la experiencia
sensible. Para los ilustrados, la sensación es el límite del conocimiento con
lo que la Metafísica deja de existir.
Los límites de la razón serán las
únicas guías del hombre, liberadas de toda autoridad, especialmente religiosa.
La razón, por tanto, se ha secularizado, se ha mundanizado, esto es,
naturalizado, con lo que ha perdido el carácter “sagrado” o de la tradición.
A.T.T.
A.T.T.
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