Análisis
crítico de la facultad de conocimiento (sensibilidad)
Existen dos modos de sensibilidad: el sentido externo, por el cual
nos representamos en el espacio objetos
como exteriores a nosotros, y el sentido interno, por el cual intuimos en el tiempo nuestros estados psíquicos (pero
no el alma misma).
Según Kant, el espacio y el
tiempo no son propiedades de las cosas (ni en sí mismas, ni en sus
relaciones mutuas), y por tanto, no nos son dados mediante la sensibilidad.
Son, por el contrario, las condiciones
subjetivas a priori que hacen posible la experiencia (externa o interna):
son algo “puesto” por la sensibilidad en el acto de conocer. Además no son
conceptos, sino intuiciones puras de un espacio y un tiempo.
En conclusión: en la sensibilidad hay:
1º. una materia (empírica): las sensaciones;
2º. una forma a priori: el espacio y
el tiempo (como intuiciones puras).
El resultado de esta unificación y ordenación de las sensaciones
en el espacio-tiempo es el fenómeno, que es el objeto de nuestra
experiencia.
Los
conceptos de experiencia y objeto sufren una importante transformación. La experiencia
contiene algo más que las simples sensaciones. El objeto conocido –el
fenómeno- no coincide exactamente con
la cosa en sí misma. Aparece una distinción fundamental entre:
Fenómeno:
(del gr. φαινόμενoν: 'apariencia, manifestación',
en plural: phenomena φαινόμενα), lo que conocemos,
no las cosas en sí mismas: la apariencia, lo que aparece pero no en sentido
ilusorio o engañoso necesariamente, y
Númeno o noúmeno,
(del gr. "νοούμενoν", "noúmenon":
"lo pensado" o "lo que se pretende decir"): “lo inteligible”, por oposición a lo sensible (Nóesis: < nóein=pensar; en la
filosofía griega significa el pensamiento (operación del nous), por oposición a la sensación, o la intuición), por oposición
al pensamiento racional discursivo. Es un término problemático que se
introduce para referir a un objeto no fenoménico, es decir, que no
pertenece a una intuición sensible, sino a
una intuición intelectual o
suprasensible. Por otra parte, el término también ha sido usado para hablar de
la cosa-en-sí, es decir, la cosa en su existencia pura
independientemente de cualquier representación.
La filosofía de Platón representa
una especie inteligible o idea e
indica todo aquello que no puede ser percibido en el mundo sensible y a la cual
sólo se puede llegar mediante el razonamiento. El noúmeno como concepto fundamenta la idea de la metafísica en Platón. En tanto
para la ontología
tradicional, especialmente en Platón
con su Mundo de las Ideas (Mito de la Caverna),
son las Ideas o los noúmenos precisamente los que puede conocer
la razón; lo que tiene una estructura racional y lógica (“lo inteligible”) en
Platón, en Kant, paradójicamente, resultará lo "ininteligible". Acaso,
en lenguaje más apropiado, lo “transinteligible”.
En
cualquier caso, el espacio y el tiempo fuera del sujeto no son nada, y en el
sujeto, si no hay sensaciones, sólo son estructuras vacías latentes. Y resulta
imposible saber cómo percibirían el mundo seres pensantes distintos del hombre.
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