El sueño de la razón produce monstruos

sábado, 9 de octubre de 2010

La traición de las imágenes (II): Cervantes

La causa que llevó al relator del Consejo de Indias a negar el salvoconducto a Cervantes para entrar en el Nuevo Mundo[1], pudo ser el tópico de la impureza de sangre, como tradicionalmente se viene argumentando con numerosos datos desde Francisco Rodríguez Marín a las investigaciones de Américo Castro. Don Miguel de Cervantes era un cristiano nuevo y, por Real Cédula, se les prohibía a éstos formar parte de la Administración y ocupar en ella puestos oficiales. Fueron los RR.CC. quienes firmaron el edicto de expulsión de los judíos de España tras la reconquista del reino de Granada, entonces en manos de los musulmanes y el descubrimiento de las llamadas Yndias occidentales. En la España de los siglos XVI y XVII, todo converso o “falso”, como aparece en documentos de la época, era tenido por sospechoso; por esto había que probar la limpieza de sangre con un certificado con el que se podía demostrar, por medio de distintos testimonios, que los abuelos paternos y maternos eran cristianos viejos.

Al fantasma de la mancha, pronto le acompañó el recurso de las delaciones anónimas por el que se podía acusar ante el Santo Oficio a cualquiera de impureza de sangre. Cervantes adoptará una clara actitud frente a aquella funesta realidad social en dos de sus entremeses de drama aldeano y rural; la primera se intitula:

La elección de los alcaldes de Daganzo[2], donde destruye el tópico la limpieza de sangre a carcajadas, al tiempo que extiende su sátira mordaz a los dogmas de la Contrarreforma de la España del XVII; en verso libre, la pieza apenas cuenta con acción. En ella caricaturiza y ridiculiza a los cinco “pretensores[3]” que alegan cualidades pintorescas para ejercer de Alcalde. Cuando el Bachiller Pesuña le pregunta al rústico Humillo, zapatero e iletrado, uno de los candidatos, si sabe leer, responde:


FRANCISCO DE HUMILLOS

No, por cierto, Ni tal se probará que en mi linaje

Haya persona de tan poco asiento (i. e. juicio; cordura),

Que se ponga a aprender esas quimeras,

Que llevan a los hombres al brasero (i. e. a la hoguera),

Y a las mujeres a la casa llana (i. e. mancebía; prostíbulo).

Leer no sé, más sé otras cosas tales,

Que llevan al leer ventajas muchas.

BACHILLER

Y ¿cuáles cosas son?

HUMILLOS

Sé de memoria

Todas cuatro oraciones[4], y las rezo

Cada semana cuatro y cinco veces

RANA

Y ¿con eso pensáis ser alcalde?

HUMILLOS

Con esto y con ser yo cristiano viejo,

Me atrevo a ser un senador romano.


(CERVANTES, Miguel de, “La elección de los alcaldes de Daganzo” en Entremeses, ed. de Nicholas Spadaccini, Madrid, Cátedra, 1982, pp. 154 y ss.).


Otro de los candidatos que entra al interrogatorio será “UN SOTA SACRISTAN, muy mal endeliñado (i. e. mal aliñado o compuesto; mal vestido)” pero los del tribunal seleccionador y algún otro de los cuatro candidatos (el Bachiller, Pedro Estornudo, escribano, Panduro, regidor, Alonso Algarroba, también regidor, y Pedro de la Rana) le mantean obligándole a desistir. Parece como si Cervantes quisiera censurar la intromisión de los eclesiásticos en los asuntos civiles. Y la segunda y última representación entremesil de Cervantes, sobre la limpieza de sangre, lleva por título:

El Retablo de las maravillas[5] donde Cervantes, en tono más que jocoso, también destroza el tópico de la impureza de sangre. En esta ocasión, los pícaros se llaman Chanfalla, la Chirinos, los que manejan las marionetas del retablo cuya virtud consiste en hacerse invisibles para los hijos ilegítimos y también para los conversos, y Rabelín, el niño cómplice de la pareja cuyo oficio, según Chanfalla, es “tocar en los espacios que tardaren en salir las figuras del Retablo”. Se invita a la representación a un grupo de notables aldeanos -Gobernador, Pedro Capacho (el escribano), Benito Repollo y Teresa Repolla (el alcalde y esposa), Juan Castrado y Juana Castrada (el regidor y esposa) y el Sobrino de la alcaldesa- espectáculo sólo para los que están “sin mancha”. En la escena final se oye una corneta dentro del teatro y entra un Furriel de compañías al que gastan bromas al confesar este que no ve las maravillas del retablo.

De esta forma, Cervantes españolizó el cuento imaginando un espectáculo teatral de títeres o marionetas invisibles para los hijos bastardos y para todo espectador de sangre impura de ascendencia principalmente judía y mora; al mismo tiempo, traslada la acción del mundo cortesano feudal al aldeano y rural porque los villanos presumían de ser cristianos viejos, sin mezcla de sangre judía y mora. El gobernador y el escribano fingen ver lo mismo que están viendo los otros, antes que revelar que no ven nada por miedo al qué dirán o a ser tildados de impuros. Cervantes está introduciendo en la pieza otro tópico de la época, la confusión entre el ser y el parecer, que alcanza su apogeo cuando el furriel solicita al Gobernador que se encargue de alojar a treinta soldados de caballería en las casas particulares de aquellos aldeanos que no fuesen hidalgos de sangre. Aquella norma era una carga económica para los más humildes; quizás por eso el Alcalde insinúe que se soborne al furriel con el baile de Herodías, la que fuera madre de Salomé, “porque vea este señor lo que nunca ha visto; quizás con esto le cohecharemos para que se vaya presto del lugar”. La frontera entre la realidad y el embeleco queda totalmente difuminada y confusa cuando el Gobernador manifiesta la duda de que los soldados “no deben ser de burlas”. Veamos:

FURRIER (i. e. furriel)

¿Quién es aquí el señor Gobernador?

GOBERNADOR

Yo soy. ¿Qué manda vuestra merced?

FURRIER

Que luego, al punto, mande hacer alojamiento para treinta hombres de armas que llegarán aquí dentro de media hora, y aun antes, que ya suena la trompeta; y adiós.

(Vase.)

BENITO

Yo apostaré que los envía el sabio Tontonelo.

CHANFALLA

No hay tal; que esta es una compañía de caballos que estaba alojada dos leguas de aquí.

BENITO

Ahora yo conozco bien a Tontonelo, y sé que vos y él sois unos grandísimos bellacos, no perdonando al músico; y mira que os mando que mandéis a Tontonelo no tenga atrevimiento de enviar estos hombres de armas, que le haré dar doscientos azotes en las espaldas, que se vean unos a otros (i. e. sin interrupción).

CHANFALLA

¡Digo, señor alcalde, que no los envía Tontonelo¡

BENITO

Digo que los envía Tontonelo, como ha enviado las otras sabandijas que yo he visto.

CAPACHO

Todos las habemos visto, señor Benito Repollo.

BENITO

No digo yo que no, señor Pedro Capacho. […]

(Vuelve el FURRIER)

FURRIER

Ea, ¿está ya hecho el alojamiento? Que ya están los caballos en el pueblo.

BENITO

¿Qué todavía ha salido con la suya Tontonelo? ¡Pues yo os voto a tal, Autor de humos y de embelecos, que me lo habéis de pagar¡

CHANFALLA

Séanme testigos que me amenaza el Alcalde.

CHIRINOS

Séanme testigos que dice el Alcalde que, lo que manda S. M., lo manda el sabio Tontonelo.

BENITO

¡Atontoneleada te vean mis ojos, plega a Dios Todopoderoso¡

GOBERNADOR

Yo para mí tengo que verdaderamente estos hombres de armas no deben ser de burlas.

FURRIER

¿De burlas habían de ser, señor Gobernador? ¿Está en su seso?

JUAN

Bien pudieran ser atontoneleados; como esas cosas hemos visto aquí. Por vida del Autor, que haga salir otra vez a la doncella Herodías, porque vea este señor lo que nunca ha visto; quizá con esto le cohecharemos (i. e. sobornaremos) para que se vaya presto del lugar.

CHANFALLA

Eso en buen hora, y véisla aquí a do vuelve, y hace señas a su bailador a que de nuevo la ayude.

SOBRINO

Por mí no quedará, por cierto.

BENITO

¡Eso sí, sobrino, cánsala, cánsala; vueltas y más vueltas; ¡vive Dios, que es un azogue la muchacha¡ ¡Al hoyo, al hoyo¡ ¡A ello, a ello¡ (Exclamaciones para exhortar).

FURRIER

¿Está loca esta gente? ¿Qué diablos de doncella es ésta y qué baile, y qué Tontonelo?

CAPACHO

¿Luego no ve la doncella herodiana el señor Furrier?

FURRIER

¿Qué diablos de doncella tengo que ver?

CAPACHO

Basta: de ex il[l] es. (i. e. de ellos eres. Una criada de Caifás lanzó esas palabras a San Pedro cuando este negaba a su Maestro. Capacho, al usar esas mismas palabras, está acusando al furriel de judío. A reglón seguido lo harán el Gobernador, Juan Castrado y Benito Repollo).

GOBERNADOR

De ex il[l] es, de ex il[l] es.

JUAN

Dellos es, dellos el señor Furrier; dellos es.

FURRIEL

¡Soy de la mala puta que los parió; y, por Dios vivo, que, si echo mano a la espada, que los haga salir por las ventanas, que no por la puerta¡

CAPACHO

Basta: de ex il[l] es.

BENITO

Basta: dellos es, pues no vee nada.

FURRIER

¡Canalla barretina¡ (i. e. canalla villanesca y judía. La barretina: especie de gorra que usaban los campesinos y hebreos.)

BENITO

Nunca los confesos ni bastardos fueron valientes; y por eso no podemos dejar de decir: dellos es, dellos es.


(Cervantes, Miguel de: “El Retablo de las maravillas” en Entremeses, ed. de Nicholas Spadaccini, Madrid, Cátedra, 1982, pp. 233 y ss.)


Así es como Cervantes juega con el tópico de la impureza de sangre en tono más que jocoso; el retablo como objeto maravilloso posee la virtud de no ver las figuras que en él aparecen si se es bastardo o judío converso. Naturalmente, en aquella representación, nadie tiene sangre judía y todos son hijos de matrimonio legítimo. Es decir, juega con los complejos y con la duda.

Para los españoles de entonces el mayor problema de su existencia consistía en saber y calcular la valía de su españolismo y “que el ser hijo de bendición y cristiano viejo” eran las dos condiciones mínimas para ser español. La acción del entremés se desarrolla en un ambiente popular y rural, en el pueblo de Algarrobillas (Extremadura), administrado por su hueste de villanos ricos que representan a los dueños de la propiedad rústica de la tierra amenazada por la gran propiedad feudal. Este ambiente da sentido al planteamiento del Retablo y su magia, porque las víctimas de Chirinos y Chanfalla son precisamente los que administran la justicia municipal. El mismo Cervantes sufrió de cerca las injusticias de algunos de aquellos concejos de Andalucía y Extremadura. Con todo, los dirigentes municipales estaban obsesionados con la idea del antisemitismo y la traída y llevada limpieza de sangre y en un ambiente rural en que no se concebía la impureza. Por eso Cervantes los convierte en auténticas marionetas.

Los verdaderos títeres de Chafalla son los espectadores mismo, aquellos villanos a los que Cervantes maneja con los hilos de sus propias obsesiones al hacerles ver fantasías imaginarias y aplaudiendo un espectáculo reservado solo a los que están “sin mancha”. Aquellos villanos no pueden revelar abiertamente que allí no ven nada por sus miedos viscerales a ser tachados de impuros. Y aquí Miguel de Cervantes pone en juego otro tópico de la época: la confusión ontológica entre ser y parecer. En fin, parodia genial que refleja un mundo que fantasea con delirios y falsas ilusiones en el que Cervantes toma partido en contra de la limpieza de sangre, que desgarraba a la sociedad española de entonces.

Para Cervantes y para la imaginación de los hombres de la época, las recién descubiertas Indias occidentales se veían como “refugio y amparo de los desesperados de España, iglesia de los alzados, salvoconducto de los homicidas, pala y cubierta de los jugadores, añagaza general de mujeres libres, engaño común de muchos y remedio particular de pocos”, según escribe el mismo Cervantes en El celoso extremeño, una de sus Novelas ejemplares”.

Sin embargo, por aquellas tierras, apareció Simón Bolívar, fervoroso lector del Quijote, quien con el Quijote en la mano emancipó a Colombia, “E hizo la guerra pude decirse que solo, sin Estado Mayor, a lo don Quijote. La humanidad que le seguía –humanidad y no mero ejército- era su Sancho”, escribe Unamuno en su Don Quijote Bolívar (ibídem, p. 14 y ss.), quien nos recuerda, poco después, aquella frase de Bolívar ya casi moribundo: “¡Los tres más grandes majaderos de la Historia hemos sido Jesucristo, Don Quijote... y yo!”.



[1]. La imagen que Cervantes tiene de América se refleja en su obra. Conoció a algunos escritores que pasaron a las Indias Occidentales: Alonso de Ercilla, Oña, Chaves, Estrada, Montes de Oca, Diego de Aguilar, Sotomayor... Además en Sevilla oyó hablar de Cristóbal Colón, Américo Vespucio, El Inca Garcilaso de la Vega, Pizarro, Hernán Cortés, Francisco de Orellana, Pedro de Alvarado... También varias veces alude al clima americano, a los “huracanes y corrientes en Bermudas y Bahamas”, a las “calmas ecuatoriales”, las riquezas de Potosí; cita también ciudades como Charcas, Lima, Méjico...; usa voces de allá como “papagayo, cacao, bejuco, caribe, cacique...”; cita peruleros como Tello Avendaño, Isunza, Gamboa; habla de “jinetes mejicanos” y también del mejicano Baltasar de Orena, el arequipeño Diego Martínez de Rivera. En fin, en toda su obra aparece el trasfondo de un nuevo mundo descubierto y lleno de aventuras.


[2] . Este topónimo alude posiblemente a Daganzo de Abajo (Toledo), actualmente desaparecido. El escribano quiere que la elección sea limpia porque más tarde tiene que ser confirmada por la nobleza del antiguo Reino de Toledo. El proceso de elección de Alcaldes está descrito en las Relaciones topográficas que mandó hacer Felipe II hacia finales del s. XVI.


[3] . (i. e. pretendientes: Juan Berrocal, Francisco de Humillos, Miguel Jarrete, Pedro de la Rana y el Sacristán), “Hombres todos de chapa y de caletre ( i. e. personas principales –de chapa- y capaces – de caletre -)”.


[4] .Toda idea nueva era sospechosa. Por eso dirá que con saber de memoria el Padrenuestro, Ave María, Credo y Salve (“todas cuatro oraciones”) y rezarlas varias veces por semana y, “con ser yo cristiano viejo”, esto es, de sangre limpia y no judía o mora, le sobra para desempeñar cualquier cargo de autoridad. En la España de la época, el saber intelectual se relacionaba a menudo con los judíos conversos.


[5]. Cervantes parece inspirarse en el enxiemplo XXXII, “De lo que aconteció a un rey con los burladores que fizieron el paño”, del Conde Lucanor o Libro de Patronio, escrito en 1335 por Don Juan Manuel, Infante de Castilla; allí se narran 51 enxiemplos o apólogos muchos de ellos de influencia oriental.

Marcel Bataillon defiende como antecedente la historia del rudo campesino alemán Till Eulenspiegel, un personaje del folklore del norte de Alemania y los Países Bajos; el tal Till parece que pudo nacer en Kneitlinger (ducado de Brunswick) ca. 1290 y murió allá por el año 1350 en Mölln. Recorrió parte del Sacro Imperio Románo Germánico; sobre todo pasó por el norte de Alemania, pero también viajó por los Países Bajos, Bohemia e Italia.

Till, en los cuentos tradicionales que inspiró, aparece como un astuto pícaro campesino; jamás se doblega ante las normas sociales al uso de aquella sociedad.

Se hace pasar por estúpido para engañar a la gente arrogante de la ciudad; casi siempre, Till Eulenspiegel alcanza lo que se propone usando medios que satirizan las costumbres contemporáneas y las clases sociales. El pícaro Till será el personaje de numerosos cuentos tradicionales de la literatura medieval alemana; estos relatos son anécdotas satíricas que alcanzaron gran popularidad. Su primera recopilación data de 1515 y, desde entonces, las aventuras del rudo y burlón campesino que se hace pasar tonto se extendieron por toda Europa. Bataillon propone el siguiente relato del s. XVII:

“Cómo Till Ulenspiegel pinta para el Lanfgrave de Hesse (i. e. título nobiliario del Sacro Imperio Romano Germánico que equivalía al de conde) y le hace creer que quien fuera de nacimiento ilegítimo no podía ver nada de la pintura”. Este relato, según Marcel Bataillon, está más cerca de la farsa cervantina del Retablo que el enxiemplo de Don Juan Manuel. Sin embargo, tanto el paño mágico del enxiemplopinturas flamencas como las presentan, como cualidad común, ser invisibles para los hijos bastardos.

jueves, 7 de octubre de 2010

Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura

¡Enhorabuena, genio...!
Hace tiempo que disfrutamos de la VERDAD de tus mentiras...
Las Letras Latinoamericanas están gozosas de alegría...
Un abrazo
Zipi Literario Zape

sábado, 2 de octubre de 2010

El sueño de Calderón / El velo de Maya del hinduismo

Entre las obras de Calderón, destaca el poema compuesto sobre la divisa Psalle et Sile -"Canta y calla"- situada en la verja del coro de la iglesia de los Reyes Nuevos de Toledo, cuyo título original fue,


"Exortación panegírica al silencio. Motivada de su apóstrophe Psalle, et sile. A la protección del Eminentísimo Reverendissimo Señor Don Baltasar de Moscoso y Sandoval, Cardenal Presbytero de la Santa Iglesia de Roma, del Título de Santa Cruz en Ierusalen, del Consejo de Estado de su Majestad, Arçobispo de Toledo, Primado de las Españas y Gran Chanciller Mayor de Castilla, &c. Por Don Pedro Calderón de la Barca, Cauallero de la Orden de Santiago y Capellán de su Majestad en su Real Capilla de los Señores Reyes Nuevos.”


(Madrid, sin imprenta, 1662, 4º.; 16 hojas; cfr. Cotarelo y Mori, Emilio, Ensayo sobre la vida y obra de D. Pedro Calderón de la Barca. Edición facsímil al cuidado de Ignacio Arellano y Juan Manuel Escudero; Biblioteca Áurea Hispánica, 12, Universidad de Navarra, EditorialIberoamericana, 2001).


Psalle imperativo presente (sg. 2ª. pers.); de Psallo, -ere, -[u]i (< style="">Psalló, `yo toco las cuerdas de un instrumento músico; `yo arranco pelos´), verbo intr., tocar la cítara: psalle et saltare, tocar la cítara y danzar // Cristianismo, `Cantar salmos, salmodiar´. De ese verbo griego procede psalmus, -i <>


Sile imperativo presente (sg. 2ª. pers.); de Sileo, -ere, -silui; verbo intr.; `callarse, guardar silencio; permanecer en silencio´; verbo tr.; callar; no mencionar; no hablar de; omitir; ocultar: res siletur: `se silencia algo´.


[1]. Al fragmento del romance que me has propuesto le he añadido unos cuantos versos más (señalados en azul) del principio de este larguísimo poema, con el fin de contextualizarlo con más detalle y así poder deconstruir y descifrar mejor sus conceptos.


[Canta y calla, dice aquel
mote, cuya soberana
inscripción, sacro buril
en grabado bronce estampa,
[…]
Canta y calla, otra vez leo,
y otra vez suspensa el alma
duda cómo se reduzca
a un precepto canta y calla.]

Porque si el callar es muda
prisión del silencio que ata
con el uso de las voces
el rumor de las palabras;
y el cantar, no sólo es
romperlas, pero entonarlas
al concertado compás
de métrica consonancia,
¿cómo, compuesto de dos
proposiciones contrarias,
sagrado precepto, a un tiempo
cantar y callar me manda?

Comentario crítico

1. Contexto sociocultural y pragmático
1.1. El poema titulado Psalle et Sile [> esp. Canta y calla] corresponde y se inserta en la llamada Poesía exenta de Pedro Calderón de la Barcas (Madrid, 1600 – Madrid, 1681) o escrita como tal, frente a la Poesía en el espacio, esto es, la escrita dentro de su obra dramática; entre las Poesías sueltas o exentas, amén de Psalle et Sile, cabe destacar: A un río helado, Romance amoroso a una dama, A San Isidro, A Felipe IV, Penitencia de San Ignacio, Elegía a la muerte del Príncipe don Carlos, A la muerte… Mientras que los poemas que incluye en sus comedias de enredo, de aparato , en las tragedias o en los autos sacramentales están bien estudiados en las múltiples ediciones críticas que tenemos, la Poesía exenta no cuenta con tales estudios críticos tan minuciosos.
Humanista tardío o enciclopédico pre-ilustrado, conoció el magisterio de Cervantes, convivió con Velázquez, convirtiendo en teatro lo que este retrató, y fue contemporáneo de los grandes filósofos, físicos… : Descartes, Pascal, Bacon, Hobbes, Locke, Spinoza y Leibniz o el inglés Isaac Newton; de los músicos Scarlatti, Lully o Henry Purcell; de pintores, escultores y arquitectos como Caravaggio, Bernini, Borromini, Rubens, Rembrandt, Vermeer, Velázquez, Ribera, Zurbarán, Murillo Valdés Leal o Sánchez Coello; de los literatos Corneille, Molière, Racine, La Fontaine, Shakespeare, Milton, Donne, Góngora, Quevedo, Lope de Vega y Gracián.
El desarrollo del Barroco es muy desigual según las naciones, aunque hay que destacar que su fuerza es más grande en los países católicos por la influencia indubitable de la Contrarreforma; el puritanismo protestante limitará sobremanera las exageraciones barrocas, su carácter desorbitado hasta la deformación, las ideas ingeniosas, las expresiones brillantes, las agudezas conceptistas, etc. en los países del Norte de Europa. La obra de Calderón, dentro de su barroquismo, se encuadra en los albores de la modernidad. En ella se puede ya apreciar el enfrentamiento que se producirá en el siglo XVIII entre fe y razón. Su dialéctica refleja ese combate interior entre la fe Filosófica y la fe de la Revelación, entre la certidumbre de la fe y la de la razón, certezas opuestas en las que participaron científicos y filosóficos contemporáneos.
En muchos personajes del teatro de Calderón coexisten la fe y el espíritu crítico, la credulidad y el escepticismo, lo que produce en sus obras ese enfrentamiento inevitable de contrarios: el determinismo y el libre albedrío, la fe y la incredulidad, el caos del mundo y la providencia divina, la vida como esperanza y la existencia como castigo. Las criaturas calderonianas son individuos aherrojados a un mundo sin explicación y sometidos a un destino ante el que, impotentes, intentan rebelarse; por esto rozan el nihilismo. Sin embargo, Calderón niega la explicación racional del mundo y justifica su orden recurriendo a la existencia del Ser Supremo. La racionalidad solo le sirve para valorar problemas de conciencia, cuyos entresijos analiza con destreza y arte.
El estilo de Calderón es mucho más artificioso que el de Lope y emplea a su arbitrio tanto recursos del Conceptismo como del Culteranismo. Las obras de Calderón se caracterizan muy especialmente por el empleo del símbolo y la alegoría a través de los que transmite contenidos específicos, a la vez que nos plantea problemas universales de la existencia humana. Lo más relevante de Don Pedro Calderón consiste en someter a un proceso de reflexión intelectual toda una serie de asuntos y motivos que en su época ya se habían convertido en tópicos. Profundamente influido por los jesuitas, su originalidad estriba en plantear conflictos y en analizar con agudeza e ingenio los entresijos de la conciencia del hombre. Sus textos han provocado la admiración y el interés de los grandes pensadores del romanticismo alemán y de los del siglo XX hasta nuestros días. Se ha llegado a decir que si La Generación del 27 no hubiera quedado truncada y deshecha por la Guerra Civil, tras la inicial exaltación de la figura de Góngora, hubiera llegado a valorar con tanto o más entusiasmo la obra de Calderón, fruto de lecturas profundas y largas meditaciones.

1.2.Calderón de la Barca, en 1650, tras sus servicios mobiliarios, militares y de dramaturgo, decidió hacerse sacerdote; ordenado en 1651, primero ocupa la Capellanía familiar en Madrid; poco después solicita y obtiene, por merced regia, la capellanía de los Reyes Nuevos de la Catedral de Toledo, que anteriormente le había sido retirada por el Patriarca de las Indias, don Alonso Pérez de Guzmán, “Capellán Mayor de los Reyes Nuevos” y furibundo enemigo de las representaciones teatrales, argumentando que Calderón era indigno del cargo por escribir comedias.
El 19 de junio de 1653, avalado por el Rey, tomó posesión de la codiciada plaza por sus cuantiosas rentas y por su autonomía frente a la propia Catedral; después ingresará en la Hermandad del Refugio, consagrada a atender pobres desamparados; en 1655 solicita ausentarse de la Capilla por sus negocios teatrales en Madrid y solicita al Rey dos meses de permiso; el Rey le otorgará una licencia indefinida. Ya no volverá a Toledo.
El 31 de diciembre de 1661, don Francisco de Aranda y Mazuelo, canónigo de la Catedral de Toledo, firma el Nihil obstat para la publicación de la Exhortación panegírica a que dio motivo el Sagrado Mote Psalle et Sile, inscripción Religiosa del Coro de la Santa Iglesia de Toledo, Primada de las Españas. El grabado de Pedro de Villafranca que antecede a la portada, lleva la fecha de Madrid, 1662. En ese grabado se ve el interior de la reja del Coro, forjada en el s. XVI por domingo de Céspedes y su yerno Hernando Bravo . En la cara anterior de las cartelas “supra portam” se lee “Procul esto prophani”. En el reverso, debajo de la inscripción espaciada del Salmo “Cantabo-Dno. Qui-bonatri-buit mihi”, el mote que de lugar al poema de Calderón: Psalle et Sile. El título exacto es Exortación / panegírica al / silencio / Motivada de su apostrophe / Psalle, et Sile (sic). Se la dedica a la protección del Eminentísimo Reverendíssimo Señor Don Baltasar de Moscoso y Sandoval, Cardenal Arzobispo de Toledo, Primado de las Españas y Gran Chanciller Mayor de Castilla.

1.3. Ediciones. La primera edición no lleva pie de imprenta aunque los investigadores sospechan que salió de la Imprenta Real de Madrid; se conservan muy pocos ejemplares de esta princeps. Rodríguez Moñino vio en la Biblioteca de Lázaro Galdeano, en Madrid, un ejemplar de otra edición temprana, sin pie de imprenta y fecha, que añade a la materia preliminar de la princeps una aprobación laudatoria de Fray José Laguna, Provincial de la Orden de San Francisco de Paula en el Arzobispado de Valencia; se cree que esta debió de imprimirse en Valencia hacia 1690.
En 1741, don Antonio Fernández de Azevedo imprime en la madrileña de Lorenzo Francisco Majadas una reimpresión de la princeps; en portada se puede leer

Discurso
MÉTRICO – ASCÉTICO,
SOBRE LA INSCRPCIÓN
PSALLE, ET SILE,
QUE ESTÁ GRAVADA
EN LA VERJA DEL CHORO DE LA SANTA IGLESIA
DE TOLEDO,
PRIMADA DE LAS ESPAÑAS:
OBRA QUE COMPUSO
EL SUPERIOR NUMEN DEL ERUDITISSIMO
Don Pedro Calderòn de la Barca, Cavallero del Orden de
Santiago, y Capellán de Honor de S.M. y de los Señores
Reyes Nuevos de dicha Santa Iglesia.
SACALE A LA LUZ
DON ANTONIO FERNÁNDEZ DE AZEVEDO
Escudero de la Reyna nuestra Señora.
QUIEN LE DEDICA
AL SERENISSIMO SEÑOR DON LUIS DE BORBÓN,
Infante de España, Cardenal Diacono de la Santa Iglesia
Romana, Arzobispo de Toledo, &c.
CON LICENCIA
En Madrid: En la Imprenta de LORENZO FRANCISCO MONADOS. Año de 1741 .

En esta edición dedicada a Don Luis de Borbón, hermano de Carlos IV, se suprimen los preliminares originales y el grabado de Villafranca; se moderniza la ortografía y se modifica el título y se cambia “el tan calderoniano de Exortación panegírica al silencio por el de Discurso métrico ascético, de un culteranismo engolado” según nos indica Leopoldo Trénor.
En el siglo XIX, partiendo de la reimpresión de 1741, editó Juan Eugenio de Hartzenbush el poema, resultando una versión defectuosa por las erratas, errores de lectura y supresión de referencias marginales y todos los preliminares. Leopoldo Trénor rescató en facsímil la princeps, añadiendo una “Noticia Bibliográfic” y un “Comentario Crítico” de Joaquín de Entrambasaguas. Siguiendo la biografía del Cardenal Baltasar de Moscoso y Sandoval, escrita por el carmelita Fray Antonio de Jesús María , allí se afirma que fue el Cardenal Moscoso quien deseoso de que el mote Psalle et Sile moviera a devoción, “encomendó esta obra a don Pedro Calderón de la Barca”.
Villar Dégano da por seguro que es una obra de encargo, por mucho que Calderón se identifique con las intenciones del Cardenal; el príncipe de la Iglesia y el dramaturgo áulico coinciden para exhortar a los capellanes a la oración y al silencio. Sus destinatarios directos son los miembros del Capítulo de la Capilla de los Reyes Nuevos y es a ese grupo de sacerdotes a quienes se les envía la conclusión exhortativa panegírica cuando van a rezar al coro cantando las Horas de los Oficios divinos (<>

Si a hablar al rey en un negocio fueras,
el más considerable, y a él llegaras
tan desatento que te divirtieras,
y por hablar con otro no le hablaras,
dime: a la majestad ¿cuánto ofendieras?
¿cuánto la pretensión tuya agraviaras?
Pues advierte, si obrases sin decoro,
que la audiencia de Dios es ese coro.

El negocio a que vas, no es menos grave,
que toda tu república fiada
en que tu oficio orar, y orar es llave
que a siete horas del día te da entrada,
¿ qué fatiga no esperan ver süave,
noble el bastón y rústica la azada,
al ver en los afanes de la vida
su medra en tu oración comprometida?

No debemos olvidar, al interpretar el texto o fragmentos del mismo, que Calderón consiguió la dispensa perpetua de esta obligación y este hecho provocó que algunos sacerdotes del Capítulo -se comportaran como quiera que lo hiciesen en el coro- mostraran abiertamente cierto resentimiento hacia Don Pedro Calderón, ya famoso dramaturgo, cuando les intenta moralizar y guiar por el buen camino con este bellísimo Psalle et Sile, llevado de la mano, nada menos, que por el mismísimo Cardenal Arzobispo de Toledo, Primado de las Españas, con el que, sin duda, intentó contemporizar a pesar de gozar de la protección real.
A.T.T.


De nuevo, con el permiso de EL ROTO.