El sueño de la razón produce monstruos

viernes, 26 de noviembre de 2010

¡Solidaridad con el pueblo saharaui...!

Can Cerberos, el siniestro perro del Hades

El paso de la Laguna Estigia

Joachim Patinir (1480-1524)

En el lienzo se combinan motivos paganos y cristianos. Vemos a la izquierda los Campos Elíseos, o Paraíso de los Bienaventurados, poblados por figuras de ángeles y una construcción cristalina al fondo. En el centro, Caronte, el barquero de la mitología griega, surca con su embarcación las aguas de la Laguna Estigia llevando el alma de un difunto. A la derecha, los resplandores de un incendio alumbran una torre que simula el infierno, cuya puerta, según los cánones clásicos, está guardada por el Can Cerberos, el siniestro perro del Hades, un monstruo de tres cabezas, con una serpiente en vez de la cola.

"Hablar del Averno es hacer un recorrido por toda la mitología pagana y cristiana".
Homero, Hesíodo, Dante Alighieri (La Divina comedia), Valle Inclán...

(SAVATER, F., El Averno, la casa de todos, Madrid, Museo del Prado, 2 de noviembre de 2010)

[...]

MAX: El café es un lujo muy caro, y me dedico a la taberna, mientras llega la muerte.

RUBÉN: Max, amemos la vida, y mientras podamos, olvidemos a la Dama de Luto.

MAX: ¿Por qué?

RUBÉN: ¡No hablemos de Ella!

MAX: ¡Tú la temes, y yo la cortejo! ¡Rubén, te llevaré el mensaje que te plazca darme para la otra ribera de la Estigia! Vengo aquí para estrecharte por última vez la mano, guiado por el ilustre camello Don Latino de Hispalis. ¡Un hombre que desprecia tu poesía, como si fuese Académico!

DON LATINO: ¡Querido Max, no te pongas estupendo!

RUBÉN: ¿El señor es Don Latino de Hispalis?

DON LATINO: ¡Si nos conocemos de antiguo, maestro! ¡Han pasado muchos años! Hemos hecho juntos periodismo en La Lira Hispano-Americana.

RUBÉN: Tengo poca memoria, Don Latino.

DON LATINO: Yo era el redactor financiero. En París nos tuteábamos, Rubén.

RUBÉN: Lo había olvidado.

MAX: ¡Si no has estado nunca en París!

DON LATINO: Querido Max, vuelvo a decirte que no te pongas estupendo. Siéntate e invítanos a cenar. Rubén, hoy este gran poeta, nuestro amigo, se llama Estrella Resplandeciente!

RUBÉN: ¡Admirable! ¡Max, es preciso huir de la bohemia!

DON LATINO: ¡Está opulento! ¡Guarda dos pápiros de piel de contribuyente!

MAX: ¡Esta tarde tuve que empeñar la capa, y esta noche te convido a cenar! ¡A cenar con el rubio Champaña, Rubén!

RUBÉN: ¡Admirable! Como Martín de Tours, partes conmigo la capa, trasmudada en cena. ¡Admirable!

DON LATINO: ¡Mozo, la carta! Me parece un poco exagerado pedir vinos franceses. ¡Hay que pensar en el mañana, caballeros!

MAX: ¡No pensemos!

DON LATINO: Compartiría tu opinión, si con el café, la copa y el puro nos tomásemos un veneno.

MAX: ¡Miserable burgués!

DON LATINO: Querido Max, hagamos un trato. Yo me bebo modestamente una chica de cerveza, y tú me apoquinas en pasta con lo que me había de costar la bebecua.

RUBÉN: No te apartes de los buenos ejemplos, Don Latino.

DON LATINO: Servidor no es un poeta. Yo me gano la vida con más trabajo que haciendo versos.

RUBÉN: Yo también estudio las matemáticas celestes.

DON LATINO: ¡Perdón entonces! Pues sí, señor, aun cuando me veo reducido al extremo de vender entregas, soy un adepto de la Gnosis y la Magia.

RUBÉN: ¡Yo lo mismo!

DON LATINO: Recuerdo que alguna cosa alcanzabas.

RUBÉN: Yo he sentido que los Elementales son Conciencias.

DON LATINO: ¡Indudable! ¡Indudable! ¡Indudable! ¡Conciencias, Voluntades y Potestades!

RUBÉN: Mar y Tierra, Fuego y Viento, divinos monstruos. ¡Posiblemente Divinos porque son Eternidades!

MAX: Eterna la Nada.

DON LATINO: Y el fruto de la Nada: Los cuatro Elementales, simbolizados en los cuatro Evangelistas. La Creación, que es pluralidad, solamente comienza en el Cuatrivio. Pero de la Trina Unidad, se desprende el Número. ¡Por eso el Número es Sagrado!

MAX: ¡Calla, Pitágoras! Todo eso lo has aprendido en tus intimidades con la vieja Blavatsky.

DON LATINO: ¡Max, esas bromas no son tolerables! ¡Eres un espíritu profundamente irreligioso y volteriano! Madama Blavatsky ha sido una mujer extraordinaria, y no debes profanar con burlas el culto de su memoria. Pudieras verte castigado por alguna camarrupa de su karma. ¡Y no sería el primer caso!

RUBÉN: ¡Se obran prodigios! Afortunadamente no los vemos ni los entendemos. Sin esta ignorancia, la vida sería un enorme sobrecogimiento.

MAX: ¿Tú eres creyente, Rubén?

RUBÉN: ¡Yo creo!

MAX: ¿En Dios?

RUBÉN: ¡Y en el Cristo!

MAX: ¿Y en las llamas del Infierno?

RUBÉN: ¡Y más todavía en las músicas del Cielo!

MAX: ¡Eres un farsante, Rubén!

RUBÉN: ¡Seré un ingenuo!

MAX: ¿No estás posando?

RUBÉN: ¡No!

MAX: Para mí, no hay nada tras la última mueca. Si hay algo, vendré a decírtelo.

RUBÉN: ¡Calla, Max, no quebrantemos los humanos sellos!

MAX: Rubén, acuérdate de esta cena. Y ahora, mezclemos el vino con las rosas de tus versos. Te escuchamos.
[...]

(VALLE-INCLÁN, Ramón María del, Luces de Bohemia, Escena IX)

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